La destreza en el uso del lenguaje

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El uso del lenguaje para transmitir un determinado estado emocional es un reto ante el que la mayoría de escritores naufragan.  Una única palabra resulta insuficiente, por ejemplo, para recrear la tristeza porque esta adquiere matices, intensidades, tonos y peculiaridades en cada individuo que la convierten simultáneamente en universal y encarecidamente particular, propia y singular.

Esto lo constatamos cuando, a menudo, ni quien padece ese estado devastador es capaz de dar cuenta de su sentir mediante palabras que resultan escasas, insuficientes e inclusive inapropiadas, para que otro pueda aprehender con rigor qué está intentando transmitir.

De ahí que, un gran escritor es aquel que logra reflejar una determinada experiencia, recurriendo a un uso -combinación de términos-, extenso del lenguaje para que ese conjunto de palabras, en el orden y la correlación elegidas, sea capaz de propiciar que quien las lea atisbe algo de lo narrado.

Muchos podemos escribir, pocos poseen la virtud de reproducir fielmente estados mentales, circunstancias o experiencias particulares que nos trasladen al interior, a revivir lo que queda plasmado a través de estas grafías simbólicas.

Podemos cerrar los ojos, subyugarnos a emociones que pretendemos expresar, realizar casi un rito de introspección para ser la vivencia de la que queremos ser testigos, pero por muy intensa que sea esa metamorfosis, acostumbramos a tropezar con la palabrería en el momento en que intentamos trazar un puente sólido entre el sentir y el decir. Inclusive, en ocasiones, aunque la experiencia a narrar sea propia.

Por lo dicho –si he logrado decir algo- querría destacar a dos grandes escritores que son maestros en ese hurgar lo ajeno o propio y revestirlo, posteriormente, de un lenguaje que le hace justicia: Fiódor Mijáilovich Dostoyevski y Stefan Zweig. Las obras de ambos son rastreos psicológicos que pocos han sabido culminar como ellos.

Desearía recordar que, al inicio del post, me refería a la posibilidad de que el lenguaje represente con fidelidad estados mentales. Obviamente existen otras alternativas  en la escritura que exigen otras virtudes. Aquí deseaba resaltar esta, acaso porque se me antoja la más esquiva y ardua. Esto puede ser únicamente una limitación personal, pero sospecho que es un escollo con el que muchos nos topamos y difícilmente nos quedamos satisfechos de lo logrado: una burda aproximación a una experiencia que exige un dominio del propio yo y de la elasticidad y conjugación del lenguaje que resta al alcance de muy pocos.

Plural: 5 comentarios en “La destreza en el uso del lenguaje”

  1. Pues tú lo has expresado muy bien Ana, quizás la frustración resulte más sencilla de describir ;). Te felicito, siempre es un placer leerte, aunque ya sabemos que el término no llegue a expresar en su extensión lo que significa el placer en este caso.

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