La falacia de la diversidad

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Letras & Poesía: Literatura Independiente

La normalidad
es hoy diversidad, singularidad, atomismo social. Esta dispersión de las
formas de mostrarse de los grupúsculos e individuos de la que nos congratulamos,
no es más que una falacia democrática en la que nos desnortamos con una sonrisa
de satisfacción.

Pensémoslo con rigor. Todos somos
normales, es decir sometidos a la norma,
a lo legítimo y válido impuesto por el sistema. Y esto sucede porque ¿vivimos
en una sociedad super-democrática
donde todo sujeto tiene cabida? Pues no. Abandonemos la ingenuidad.

La estrategia más eficaz para que un
sistema combata la disidencia, que podría ponerlo en riesgo, es absorber lo discrepante
como parte del mismo. De esta manera se estruja el jugo de esa novedad,
aparentemente contraria, cosificando a los rebeldes y convirtiéndolos en un
grupo con necesidades a los que el sistema satisface con sus bienes de consumo.

Cuando la norma es la peculiaridad y la diferencia

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