Cioran y Nietzsche: nihilismos

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Revisión de la publicación de 2018

Todo el secreto de la vida se reduce a esto: no tiene sentido; pero todos y cada uno de nosotros le encontramos uno.

Cioran, El ocaso del pensamiento

Trágica ironía de la existencia humana es que sin poseer en sí misma sentido, todos le encontremos uno. Aunque discrepo de esta última apreciación, pues no se puede obviar un matiz -que no es tal- crucial: todos rebuscamos un sentido como si de la piedra filosofal se tratara, mas este anhelo ardiente no siempre lo satisfacemos.

Pero como necesidad imperiosa para sustentar y soportar la existencia, esta supuesta indagación puede no ser más que invención; una obsesión presente en todo sujeto, sea este consciente o no; esté dispuesto a reconocer o no la miseria de existir.

Por ser animales simbólicos, estamos urgidos a dotar de significado todo cuanto nos rodea ¿cómo podríamos prescindir de buscar sentido a lo que nos hacer ser existentes? De tal forma que, desestimamos lo que en sí posea o no la existencia, y hacemos de la necesidad virtud, o en este caso sentido vital.

Así es “la verdad”, lo que consideramos verdadero, aquello que satisface nuestros anhelos más profundos, porque sea su naturaleza la que sea, funciona como origen de todo sentido, y así se inaugura, sin pretenderlo la era de la postverdad. Porque allí donde lo que denominamos verdad opera como legitimador de relatos que son eficaces, casi nadie posee la voluntad de cuestionarla.

Si prescindimos de hallar si hay sentido o no y optamos por imponerlo porque nos fortalece, es comprensible que la derivación de este subjetivismo ético nos dirija a validar aquello que es rentable en un determinado contexto. Al margen de una veracidad que ha sido vapuleada.

“La muerte de Dios” anunciada por Zaratrusta es el punto de inflexión a partir del cual nada es absoluto, incuestionable y váido en sí mismo. Todo responde a los que Nietzstche popularizó como la voluntad de poder. De forma semejante, y salvando las distancias, Cioran proclama la necesidad de sentido como el principio regulador subyacente a todo cuanto calificamos de verdadero.

La diferencia es curiosa: si para el alemán es la voluntad de poder, autoafirmación de sí mismo, lo que constituye el motor; para el rumano es la necesidad, la falta, la carencia la que nos lleva al autoengaño. En Nietzstche es el reconocimiento de que lo único que posee valor es la vida y de ahí que sea ese poder de autoafirmarse frente a lo otro, lo que nos lleve a un nihilismo creador de nuevos valores que contribuyan a reafirmar la vida. Para Cioran es la ausencia de valor de la vida, en cuanto no es más que carencia de sentido y por ello destructora del deseo de vivir del humano, lo que desemboca en un nihilismo negativo, pasivo, que no puede más que condenarnos a la desesperación; alibiada por la posibilidad que todos tenemos de suicidarnos, aunque el filósofo de adopción francesa entendiera que es un acto liberador si se realiza en el momento apropiado de culminación -estado al que parece, por los hechos, no llegó nunca o, tal vez, como reconocía no huir de sus contradicciones, esta fue más que otra más-.

¿Qué principio regulador ha triunfado en las sociedades tecnológicas y digitalizadas? Parece que sin lugar a dudas esa voluntad de poder, identificada como subyacente a todo acontecer, que depende del humano. Porque estamos obligados a reconocer que ese poder es hoy económico y es quien impone su querer. Esta es la razón por lo que la postverdad, lo que favorece a los poderosos que se perciba como tal, es el terreno en el que estamos inmersos.

La postura de Cioran sería la de aquellos des-normalizados que por pudor no pueden admitir más que la destrucción personal a la que nos lleva contemplar ese poderío económico triunfando, que para nada llena la necesidad de sentido indiscutible que todo humano posee. Al contrario, el poder impuesto como fortaleza económica ante los otros es un síntoma más de la decadencia de la humanidad.

Plural: 5 comentarios en “Cioran y Nietzsche: nihilismos”

  1. Todas tus entradas son apasionantes.
    Nietzsche es un pensador muy interesante; lo he leído, y concuerdo con él en muchos aspectos. De Ciorán confieso no haber leído nada, aunque siempre lo he tenido en mi lista de autores imprescindibles; y, después de leer tu reseña, aún más. Desde mi humilde postura de aprendiz, me parece muy interesante.
    ¿Puedo compartir tu entrada?
    Gracias de antemano. Saludos.

    Me gusta

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