“La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche” F. Overbeck. Una reflexión -revisión del artículo del 13-01-19

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Según Franz Overbeck “Nietzsche era un genio, pero su genialidad residía en sus dotes como crítico. A este talento crítico genial le dio el más peligroso de todos los usos: la aplicación sobre sí mismo y de manera verdaderamente letal contra sí mismo. Quien se convierte como él en objeto de un talento crítico tan ingenioso está condenado a la locura y la autodestrucción”[1], es decir, se propone desvelar ese otro uso demoledor que el filósofo alemán hizo de su excelencia crítica. No solo vació de fundamento la cultura occidental anticipándose a las diversas formas de nihilismo que se han producido tras la profetizada “muerte de Dios” de Zaratustra; martillazo nada desdeñable, si consideramos la influencia que esta devastadora crítica ha tenido  sobre las diversas formas de la cultura; sino que además, su genio proporcionándole una presencia a menudo altiva y narcisista, se centró también en sí mismo evidenciando sus debilidades y carencias que mucho le costaba metabolizar. Su lucha personal contra ese humano mediocre, demasiado humano, del que siempre quiso  zafarse, desembocó en un crisis perpetua entre los cimientos que lo aferraban a su mediocridad, en cuanto humano, y esa excelencia supra-humana, capaz casi de degustar el dolor como fase de autosuperación y autoafirmación, hacia ese transhumano al que siempre aspiró, casi en contradicción interna perpetua entre la aniquilación de todo ideal y la obertura de un horizonte que destila aroma de una forma de humanidad nueva, y por ende, un “cierto” ideal a conquistar, aunque esto nunca hubiera sido admitido por el propio Nietzsche.

Su autodestrucción fue la plasmación, tal vez, de ese alguien desubicado, más propio de las postrimerías del siglo veinte, en el que quién sabe si hubiese servido de sustrato ideológico para la ideología transhumanista. Nunca hubiera aunado fuerzas con nadie, eso parece nítido, porque su genialidad y su autopercepción de ser único le hubieran impedido identificarse con pensamiento alguno, que no hubiese sido pergeñado por él mismo.

Aunque su voluntad de poder lo catapultara a un laberinto mental aparentemente irresoluble, que denominamos locura, le debemos mucho a Nietzsche. Al menos el coraje de asomarse al nihilismo, al “sin hilo”, sin relación, sin nexo, es decir Nada, en la medida en que vamos perdiendo el ligamen, la relación ante la indiferenciación de todo, incluso del sentido que nos aboca al absurdo, según analiza Esquirol[2] haciendo una aportación significativa a la reinterpretación del nihilismo nietzscheano. A partir de esta constatación del proceso que lleva implícito el desarrollo de Occidente, cada uno deberá rebuscar un vericueto que le permita decidir, si es que esto puede ser decidido, qué rumbo tomar.

Finalmente, y haciendo justicia, debemos recuperar la anticipación de Mainländer como fuente de la que se nutrió Nietzsche, junto al gran maestro Schopenhauer. El primero, desarrollando lo que se ha dado en denominar como Filosofía de la Redención, y según algún traductor Liberación, entendió que Dios había muerto, pero no porque los hombres lo hubieran matado -como afirmó Zaratustra-, sino porque Él mismo escogió libremente morir, suicidarse y disolverse en la NADA, tras atravesar el calvario del ser en devenir -eternidad del tiempo, hastío, ser como sufrimiento…-  liberarse de sí mismo y de ese hastío abrumador del destino del ser que es la entropía- Así, no somos más que el despojo del suicidio de Dios que, no soportando el puro ser, se niega a sí mismo y nos hunde en el pozo que Él mismo no soportó.

La visión mainlanderiana tiene un calado de profundo nihilismo, porque ese Dios que Nietzsche ve necesario matar, para la liberación del humano y su derivación en la nada, fue entendida por su predecesor como un suicidio divino. El nihilismo es en consecuencia la decisión de un dios que no sostiene ser pura estabilidad y eternidad, y ante el hastío que esto le produce se entrega al no-ser para dar lugar a la multiplicidad de individuos que se originan de esa disolución, diríamos que, como diminutas partículas, del ser divino. Es, paradójicamente como si el principal nihilista fuese Dios mismo, no la rebeldía humana.

No es de extrañar que el padre intelectual de ambos filósofos fuese Schopenhauer, quien aseguraba que “el mundo es el infierno y los hombres se dividen en almas atormentadas y diablos atormentadores”3

En relación a esta última observación Carlos Javier González Serrano ha realizado generosamente una conferencia virtual sobre Mainländer como figura relevante sin la que no puede entenderse la influencia de Schopenhauer en Nietzsche. Os invito a escucharla a través de su perfile de Instagram.

[1] F.Overbeck: La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche, Errata Naturae, Madrid 2016
[2] J.M.Esquirol, La Resistència íntima: assaig d’una filosofía de la proximitat., Quaderns Crema, Barcelona 2015.
[3] A. Schopenhauer “Los dolores del mundo”, PC Bibliográfica: pensamiento crítico, Madrid 2009

Plural: 8 comentarios en ““La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche” F. Overbeck. Una reflexión -revisión del artículo del 13-01-19”

  1. Ana de Lacalle siempre es un gusto leerte.
    No conozco a Mänlader y lo agradezco,
    he leído obras de ambos autores (Más allá del bien y del mal, así hablo Zaratrusta y El mundo como voluntad y representación) pero sigo sin poder profundizar en su mensaje.
    Espero entenderlos un poco más, creo que podré leerlos toda la vida y descubrir cosas nuevas en los mismos autores.
    Gracias nuevamente, pasa un buen día!

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