Los rebeldes del barrio de Salamanca o los ricos protegiendo su riqueza.

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Imagen extraída del diario ABC Madrid. Carlota Barcala

Hoy, quince de mayo de 2020, hace nueve años que inicié este blog -con una primera etapa en que se denominó NOMECREOSAINADA y una segunda en la que decidí darle un tono más formal para que sus contenidos no quedaran menospreciados por un título irónico, pero para algunos algo chabacano. Su origen fue determinado por la manifestación del movimiento de los indignados que, en un ataque de romanticismo utópico, me hizo sentir que era posible cambiar las cosas. Las movilizaciones ciudadanas en muchas plazas nucleares de distintitas ciudades de España, seguidas de otras de Europa y EEUU, y precedidas por las protestas de Grecia y antes las primaveras árabes, brotaron con un impulso de esperanza y de ilusión por el seguimiento masivo de ciudadanos hartos de ser siempre las víctimas ignoradas, esta vez de la crisis económica desencadenada en el 2008. En uno de los comunicados de una de las plataformas que apoyaban y difundían los lemas y las convocatorias a través de las redes sociales se decía:

 Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo.
Comunicado de prensa de “Democracia real YA” (17/05/2011)

Bien, si hago presente este hecho es porque mi perplejidad ante la manifestación de lo ciudadanos del barrio de Salamanca, nueve años después, en una situación de excepcionalidad mundial, sin precedentes, por la pandemia del coronavirus me ha dejado desolada y casi sin palabras.

No deseo entrar en cuestiones que, de hecho se me escapan a mí y supongo que a la mayoría de ciudadanos, como la mala gestión de la situación por parte del gobierno -recordemos, un gobierno que nos ha costado mucho conseguir, inexperto y que se ha encontrado en sus inicios con un acontecimiento al que no creo que ningún gobierno quisiera enfrentarse-, la falta de previsión, el desmantelamiento de la sanidad pública ni las causas de esto que pueden ser diversas en cada comunidad autónoma, aunque todas posean en común los recortes por imposición europea a raíz de la crisis del 2008.

Mi voluntad es destacar lo que más asombro e incomprensión ha desatado en mi mente aún convulsa ¿Cómo puede ser que en una coyuntura en la que hay que buscar un equilibrio, casi imposible, velando por la salud pública y evitar una expansión del virus que acabe en una catástrofe absoluta, a la vez que evitando una devastación económica, los ciudadanos de uno de los barrios -si no el que más- renta per cápita tiene de toda España se les ocurra pedir la dimisión del presidente del gobierno para quedarnos nuevamente “en pelotas” -y disculpad la expresión, y sin gobierno operativo que afronte esta terrible situación? Si tan inepto es, arrimen todos los hombros aportando estrategias y acciones que prioricen el bien común y el interés general, porque si no se han dado cuenta está en juego la vida de muchísimas personas, algunos millones de ciudadanos: ya sea por una expansión incontrolable de la pandemia o por una crisis económica que los condene a la pobreza más absoluta -pérdida de vivienda, hambre, …-

Personalmente no tengo la osadía, porque soy consciente de mi ignorancia en muchos ámbitos y una falta de información veraz, de dar lecciones sobre cómo debe ser afrontada esta tragedia, más allá de lo que me dicta el sentido común. Por ejemplo, si es obligatorio llevar mascarillas en el espacio público deben abastecer a las farmacias para que puedan ser adquiridas, o lo mismo con el uso de guantes y el gel desinfectante. Si hay que guardar dos metros de distancia entre personas no se pueden hacer excepciones para los aviones -porque las compañías aéreas presionen- o, si es así téngase en cuenta también en otras actividades en las que es imposible cumplir esta exigencia; como por ejemplo las actividades de verano con los niños, muchos de ellos en situación de vulnerabilidad en diversos aspectos, y a los cuales no se les puede imponer que no se acerquen a otros niños para jugar, o se abalancen sobre ese monitor que les da afecto en una situación tan desbordante,…seguro que existen más situaciones que desconozco. Seguramente los niños que viven en el barrio de Salamanca no son usuarios de estas actividades organizadas por entidades del país, si no que aprovechan el verano para hacer campamentos o estancias en el extranjero y mejorar el uso de otros idiomas. Sí, ya entiendo que mucho no les afecta.

Pero al margen de estas situaciones e incongruencias que percibo cotidianamente, también tengo que decir que siento vergüenza ajena al ver cómo la gente parece “amotinarse” para ocupar las terrazas de los bares en diversos lugares del Estado. Somos una cultura que vive mucho en la calle, eso no podemos olvidarlo, pero debemos poner cabeza -aunque a mí me fascine tomar un café en una terracita en buena compañía y mantener una conversación interesante o banal que nos haga desternillarnos de risa- porque solo con medida y renunciando cada vez menos a distintas actividades de ocio que implican aglomeraciones, podremos ir avanzando. También hay que decir que esta desescalada del confinamiento no está siendo fácil en otros países. No recuerdo ahora dónde había ayer colas sin distancia de seguridad alguna para acceder a una cadena de ropa.

En definitiva, ayer me crujieron las neuronas durante horas porque se me ocurría que quienes deberían estar protestando en las calles, porque peligra su subsistencia, son todas esas personas a las que se les ha aplicado un ERTE o se han quedado en el paro y aún no han recibido ni un euro, porque la burocracia y la avalancha de demanda se come también a las personas. O los pequeños empresarios que vivían sin grandes ingresos de su negocio y se han visto de hoy para mañana en la ruina, y o no cumplen condiciones para ayuda, o la susodicha ayuda no alcanza ni para la mitad de los gastos, de igual manera que los subsidios estatales no alcanzan, por sí solos, para vivir; lo cual, y para esto no hay que entender mucho, es evidente que va a dar un impulso al mercado negro que, sin regulación, puede permitir a unos y otros conseguir complementos para salir del paso. Pero no seamos hipócritas, nadie se enriquece con un subsidio, ni haciendo colas para conseguir comida en un banco de alimentos, aunque incluso, luego la revendan, o en el caso de los centros que facilitan ropa.

Lo más patético de la manifestación de ayer, y creo que algún día más, y de las que se están organizando en coches para no poder ser desalojados por no guardar la distancia, es que era una protesta de los que más tienen que de forma insolidaria se protegían ante la posible pérdida de riqueza. Y no porque no tengan derecho, lo permite el sistema democrático, protestar por tus intereses y en ese egoísmo, del sujeto económico, se basa el sistema capitalista, del que los vecinos del barrio de Salamanca se benefician continuamente. Y no es ilegal. En este mundo vivimos. Pero, a mi juicio, no es deseable, diría que es inmoral teniendo como referente en bien común. Aunque ya sabemos que la política y la ética parece que se divorciaron hace siglos.

Ciertamente, no sé qué hay que hacer con un Estado que no tiene capacidad económica, si no es endeudándose por toda la eternidad, para atender las necesidades más perentorias de los ciudadanos: vivienda, suministros y comida. Ni tampoco si la pandemia es tan terrible, he leído versiones de todo tipo, y justifica la paralización económica del país. También, sería interesante que se investigara el auténtico origen de un virus que tiene una capacidad mutante -por lo que he leído a distintos epidemiólogos- de irse adaptando a las barreras que se le van poniendo y remontar. Porque si el virus no ha surgido de forma “natural”, dentro de lo que queda de eso en la cultura humana, sí que es exigible una explicación veraz de qué ha ocurrido y con qué pretensiones se ha creado ese virus que algunos dicen que se escabulló de un laboratorio.

Insisto en que desconocemos la verdad, al menos la aplastante mayoría de los habitantes del planeta, pero lo que resulta de sentido común es que primero hay que atajar la tragedia con una voluntad política unida, para salvar a las personas, rescatarlas como se rescató en otros momentos a los bancos, sean trabajadores por cuenta ajena, autónomos y pequeños empresarios, …

Después ya buscaremos responsabilidades si las hay, civiles o penales. Pero, como dice un amigo mío, lo primero siempre es antes, y ahora no hay discusión que esa prioridad es ayudar al máximo de personas, familias y empresas que se pueda para que todos podamos remontar, y que se olviden por una vez, de ideologías en el sentido marxiano y malintencionado, y busquen soluciones urgentes. Ellos, todos los políticos y diputados siguen cobrando y trabajando. No he oído que se haya producido despidos o ERTES en el seno de los partidos. Ni que al no hacerse sesiones parlamentarias plenarias por la emergencia sanitaria se hayan aplicado ERTES. Alguien me dirá que siguen trabajando ¿Podrían justificar y dar cuenta a los ciudadanos de en qué trabajan el exceso de diputados que tenemos entre el gobierno del Estado y las comunidades autónomas, ayuntamientos? Seguramente muchos son prescindibles. Además de aquellos políticos que tienen pensiones vitalicias que compatibilizan con trabajos en el sector privado -cosa que no pueden hacer el resto de los jubilados en este país- que superan de forma escandalosa la pensión máxima que puede cobrar un ciudadano cualquiera. Seguramente si quisiéramos rascar, algo sacaríamos. Seguramente no para paliar la crisis que nos va a asolar, pero picando de un sitio, exigiendo a los Bancos que devuelvan el dinero del rescate, a los corruptos los millones robados, políticos y ciudadanos que se han enriquecido estafando a hacienda -incluido el rey emérito- al menos, los ciudadanos que padecemos la incompetencia de la mayoría de gestores sometidos a los poderes fácticos que dinamizan el sistema capitalista, nos sentiríamos más resarcidos de los agravios que llevamos soportando desde, y me quedo cerca la crisis del 2008 de la que ni la clase media que ha tendido a desaparecer, ni la clase baja habían salido aún.

Dicho esto, si ahora resulta que la que se rebela es la alta burguesía -una minoría- y la gran mayoría soporta estoicamente el sacrificio más o menos necesario que todos debemos hacer para superar esta situación, entonces sí que estamos absolutamente acabados, desnortados, agilipollados y sometidos. Me quedo sin palabras decentes. Por eso acabo con otra declaración del movimiento de los indignados:

La inmensa mayoría de los políticos, periodistas y tertulianos no han querido oír en los últimos tiempos a los jóvenes con tasas de paro del 45 %; ni a los miles de personas que reclamaban al Banco de España y los tribunales que los defiendan de las estafas de los bancos en forma de contratos de swaps, clips y demás engaños; ni a los cientos de miles de familias que han perdido la vivienda; ni a las docenas de miles de pequeños y medianos empresarios que cierran sus empresas porque no reciben ni un euro de bancos que usan las ayudas públicas para seguir especulando; ni a los padres y madres de familia que tienen cada vez más dificultades para llegar a fin de mes mientras los beneficios de las grandes empresas y bancos se disparan; ni a quienes decíamos que las medidas que se estaban tomando no eran para resolver la crisis, sino para que quienes la habían provocado salieran de ella con más poder y más beneficios; ni a quienes empezaban a sentirse indignados porque el gobierno llamara a La Moncloa para crear empleo a los grandes directivos de las empresas y bancos que más puestos de trabajo han destruido en los últimos años.
Juan Torres López y Carlos Martínez García, 15-M: Hartos de la estafa y la impunidad.

Plural: 6 comentarios en “Los rebeldes del barrio de Salamanca o los ricos protegiendo su riqueza.”

  1. Lo único que se deduce del callejeo organizado de alto standing es la puesta en práctica del a río revuelto… del a veces tan acertado refranero popular. A estas huestes, que se creen dueñas naturales del cortijo patrio, solo les interesa descabalgar, a ser posible sin urnas de por medio, a cualquier advenedizo ajeno a la oligarquía que tenga el bastón de mando.

    Salud.

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