CONVERSATORIO EN TORNO AL PENSAMIENTO DEL DR.GUSTAVO FLORES QUELOPANA.

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A continuación os dejo escrita la intervención que tuve el privilegio de realizar en torno a la labor filosófica del Gustavo Flores Quelopana. al final tenéis el vídeo íntegro del conversatorio. Os invito a visualizarlo ya que para los que no lo conozcáis se os abrirán vías de pensamiento inemnsas, y los que ya lo conocéis, pues sobran las palabras. Mi agradecimiento al Foro de Filosofía, Artes, Ciencias y Letras “La Serpiente de Oro” y a su evento semanal -los sábados- “El sentido del filosofar”

Buenas tardes y noches. Para mí es un lujo y un privilegio participar en este homenaje a la trayectoria humanista -en su sentido renacentista- de Gustavo Flores Quelopana. Primero, porque nuestro encuentro en el ámbito de la reflexión filosófica es aún breve, pero ciertamente intenso. Coincidimos por primera vez en un conversatorio en el que dialogábamos sobre “la posibilidad de pensar más allá de la democracia”, en el marco del V Simposio correntino de Filosofía Política. Su ponencia, breve para poder compartir ese espacio con cinco pensadores, fue la primera intervención y me admiró su claridad expositiva y de ideas a partir de un enunciado amplio y del que era difícil presentar una síntesis clara por la complejidad que interacciona con lo democrático como problema.

Tras esta intervención he leído artículos de su blog y asistí, nuevamente, a una conferencia sobre “la Crisis del nihilismo”. De estos dos encuentros surgió una conexión que yo situaría en la confluencia de considerar al ser humano como lo prioritario, en el sentido de que el cultivo de su interioridad exige constatar en qué mundo vivimos, qué poder lo domina y qué formas de redención o liberación podemos hallar.

Voy a referirme a los aspectos del pensamiento de Gustavo que he conocido directamente, aún sabiendo que su obra es ingente, pero de la que considero podréis hablar con más rigor aquellos que habéis tenido acceso directo a sus escritos desde hace años.

Destacaría, en este sentido, de su pensamiento el neologismo de “el hombre anético” que siendo el humano carente de horizonte moral, no es más que el producto de la intersección entre el nihilismo y el neoliberalismo que han hallado en las democracias liberales instrumentalizadas por el capitalismo y su aliado el conocimiento científico-tecnológico, el campo de abono idóneo para generar un individuo incapaz de movilizarse, si no es por intereses particulares. Así la desintegración del tejido social en grupúsculos que reivindican derechos sociales parciales es el gran triunfo de la ideología neoliberal, que refuerza este relativismo del “Todo vale” denunciado hasta la saciedad por Gustavo.

Esto conlleva la desactivación y neutralización de cualquier revolución estructural que procure atajar el azote neoliberal, que fomenta un estar en la sociedad en detrimento de ser, que por la diversidad que absorbe, consigue inocular la creencia al individuo de que somos “libres”. Lo cual es absolutamente una falacia en lo político y en lo privado que contenta superficialmente a un individuo que la misma educación sistémica domeña para la sumisión inconsciente

En este sentido destacaría también la incursión de Gustavo en la reflexión pedagógica y didáctica respecto de aquellas disciplinas que impone el sistema educativo, en detrimento siempre de la formación humanística. Mal endémico a nivel occidental que responde a esa voluntad neoliberal de formar técnicos sin criterios éticos, siervos que obedezcan al sistema. Esta lucha, tras 24 años de actividad docente de la Filosofía en lo que equivaldría al curso preuniversitario, me sitúa en sintonía con la tarea didáctica de Gustavo, para quien la aptitud filosófica no es espontánea, apreciación en la que coincido plenamente y por lo cual, y a menudo en  solitario en contra de las nuevas tendencias pedagógicas que desorganizan la estructura cognitiva más que posibilitar su desarrollo, he apostado siempre por introducir a los alumnos en la Filosofía, mediante el estudio de la Historia de la filosofía, porque solo a partir de un cierto conocimiento y del estudio esforzado se pueden gestar nuevos paradigmas desde los que repensarnos a nosotros mismos. Lo cual no excluye que estimulemos esa actitud filosófica presente ya en los niños, como asume Gustavo, a través de prácticas de naturaleza socrática que cultiven el espíritu de la pregunta que poseen ya rudimentariamente de manera innata.

La cuestión, en síntesis, en la que confluimos, creo, es ¿qué puede liberar al ser humano de una sociedad que lo cosifica y lo deshumaniza? Trascendencia o inmanencia están aquí presentes como factores para tener en cuenta en el desafío de identificar las vías de liberación. Gustavo identifica lo Trascendente como el fundamento último de recuperación del sentido y, por ende, de valores que considera absolutos. Punto en el que nos distanciamos, ya que desde lo que podríamos denominar un ateísmo nihilista, [1] Abro una nota a pie de página para clarificar qué entiendo por ateísmo nihilista: el ateísmo es el resultado de la IMPOSIBILIDAD de creer en DIOS, el cual está ausente precisamente en los expulsados del sistema social capitalista. Hay quien, en línea con Simone Weill ha intentado argumentar que precisamente Dios está presente como ausencia. Mi percepción al respecto es que eso, se lo cuenten a los que sufren el abandono, la pobreza, las guerras, el hambre; porque si su forma de hacerse presente es el abandono, tal vez podemos vivir sin Dios, que es lo que de facto sucede, a pesar de que Dios sea Bondad, si no la ejerce ante las masacres y salvajadas humanas ¿De qué le sirve a la criatura ligarse a Dios? La libertad humana que Dios respeta, tampoco me resulta un argumento consistente, porque considero legitimo vulnerar la libertad del otro cuando constatamos que está a punto de cometer una atrocidad. ¿Para qué un Dios si el humano, hibrido entre bestia y ángel, es capaz de lo más elevado y lo más depravado? Así, y concluyendo la nota a pie de página, la imposibilidad de creer en Dios nos sitúa en un nihilismo que no sustituye a quien para él no es real, sino que desde la humildad de las propias limitaciones y de la complejidad de su “siendo” en un vacío de sentido y desde la conciencia de la nada, intenta contribuir a la rehumanización de la Sociedad y de sus estructuras que determinarán condiciones de existencia justas para todo individuo.

Retomando el hilo de lo expuesto, desde un “ateísmo nihilista” entiendo que es posible rescatar al individuo humano como un fin en sí mismo, y en consecuencia consensuar cuáles son las condiciones de posibilidad para que acontezca lo más genuino del mismo, que es razón, voluntad, emociones, afectos, pasión, deseo. Y estas condiciones, no son más que aquellas que se deben derivar del intento de garantizar una existencia digna a todo individuo, sea o no su horizonte la Trascendencia.

Tengo la convicción de que la coincidencia en el establecimiento de los requisitos necesarios para la vida humana no dista entre el pensamiento de Gustavo, y la de muchos que, desde una cultura de lo inmanente, no hemos perdido el norte de lo que puede constituir un valor moral, y que difiere sustancialmente de lo que no es más que simple utilitarismo pragmático. De alguna manera diría que la trascendencia consiste en este caso, y a diferencia de lo que sostiene Gustavo, en no dejarse seducir por lo material y cultivar la interioridad compleja y ambivalente, que no deja de ser lo más genuino que fluye en el estar siendo un sujeto humano.

Ahora bien, me parece un ejemplo de voluntad de diálogo y entendimiento el hecho de que Gustavo Flores y una servidora compartamos el horizonte de humanizar al hombre, o sea de reivindicar su pleno desarrollo, su plenitud. Solo un planeta con actitudes, valores y propósitos que velen por todos los seres vivos, entre ellos los humanos, es decir la Naturaleza en su conjunto, pueden orientarnos a llevar a cabo acciones que apuesten por el auténtico BIEN COMÚN, que es el de todos, y no coincide necesariamente con el INTERÉS GENERAL, que puede estar viciado por los que ostentan el poder. No creo que Gustavo asuma tampoco esa identificación entre BIEN COMÚN e INTERÉS GENERAL.

Para concluir, destacaría la labor prolija que ha desarrollado en la FILOSOFIA y en esa recuperación de un HUMANISMO que mira a lo TRASCENDENTE, que le han llevado a estudiar también las raíces de la cultura peruana – lo que él denomina MITOCRACIA en contraste con el origen LOGOCRÁTICO eurocentrista – antes de la CONQUISTA por parte del REINO de ESPAÑA, y que para muchos españoles constituye una vergüenza histórica.

En este sentido, tal vez la pandemia, además del sufrimiento, personalmente me ha dado la ocasión de entrar en contacto con personas de diversos países Latinoamericanos, de conocer la inquietud y el saber filosófico que hierbe por estas tierras, además de constatar cierta ignorancia por parte de Europa de lo que Latinoamérica tiene que decir en muchas cuestiones actuales.

Querría finalizar con unas palabras del propio Gustavo Flores Quelopana que me resultan especialmente REPRESENTATIVAS de aspectos de su pensamiento:

“La uniformización de la mente de niños, jóvenes y adultos diariamente y sin descanso, que son bombardeados con estulticias, banalidades y mentiras, terminan corrompiendo la inteligencia y la voluntad humana. La concertación de la mentira es la estrategia contemporánea para la inmoral dominación y el lucro desmedido. La sociedad está tensando sus mecanismos de extraversión hasta un límite que destruye la propia vida interior. Lo vano, tonto, superficial e insubstancial se asienta inequívocamente en las mentes de una sociedad que vive para la distracción, el relajo y éxito.”

Extraído del artículo “El sinsentido de la vida y el final de los tiempos”. Blog del Gustavo.

Muchísimas gracias nuevamente por el honor y la deferencia de invitarme a participar en este reconocimiento, bien merecido, del trabajo, ahora sí del Dr. Gustavo Flores Quelopana.

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