La jodida «normalidad»

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Toma asiento, acercándose a la mesa. Coge la caja y empieza a vaciar su contenido. Procede según el ritual establecido: romper el extremo de la ampollita, bastoncito a un orificio de la nariz dándole vueltas, una, dos, tres y cuatro. ¡Lágrimas! Bien hecho. Ahora al otro orificio nasal y.… ¡lagrimones! Todo parece funcionar por el momento. Introduce el bastoncito en el líquido de la ampolla, un minuto y echa tres gotitas de la mezcla de la secreción nasal y el reactivo en la tableta para esperar el resultado. Entre quince y veinte minutos. Los primeros segundos son vitales esperando que aparezca la rayita de verificación de que se ha ejecutado correctamente. Pasado ese Umbral, reposa la cabeza entre los brazos encima de la mesa, y de reojo se mantiene vigilante. ¿Qué puede pasarle a uno por la cabeza durante esos larguísimos minutos en los que espera respuesta? Con la habitud las cuestiones más nimias: si se ha acordado de recoger la ropa, que tiene que devolverle al vecino el plato en el que le bajó antes de ayer las setas recogidas, que nota dolor de ovarios como si fuese a bajarle la regla, que la habitación que acaba de remodelar necesita más pintura en alguno de los muebles…que le parece que hoy no ha defecado y quizás eso también le provoca molestias…entre unas contingencias y otras se da cuenta de que el tiempo está a punto de cumplirse y de que la cosa parece ir bien. Pasan los veinte minutos: ¡negativo! Como las nueve veces anteriores. Se deshace de todos los enseres usados y se dirige a la cocina a prepararse la cena. Oye que suena el móvil, lo coge:

  • Hola X
  • Hola y, ¿qué tal?
  • Mira acabo de dar positivo en una prueba de antígenos. Te aviso porque ayer estuvimos cenando juntas, para que lo sepas.

Se le cae el teléfono de las manos, se sienta de golpe, y como no hay asiento alguno, topa con las posaderas en el suelo. A partir de hoy, otra vez a contar entre tres y cinco días y otro antígeno. Las fosas nasales le empiezan a sangrar, es el comportamiento que han adoptado cada vez que oyen una noticia de este tipo. Va al baño se corta la pequeña hemorragia y las consuela asegurándoles que el próximo será el último. Tras el rito y el des-rito -o la banalidad de hacerse pruebas de antígenos- nota un dolor insoportable en la zona lumbar. Recuerda que ha caído de golpe al suelo, convencida de que tenía una silla detrás. El dolor se agudiza y con dificultades para andar coge el móvil para llamar a urgencias y que envíen una ambulancia ya que está sola y no puede ni dar un paso: por favor, creo que me he fracturado la zona lumbar, son los riesgos de hacerse reiteradamente pruebas de antígenos.

Plural: 5 comentarios en “La jodida «normalidad»”

  1. Pan, démis, le baiser volé par le masque avec en plus main tenant l’attouchement nasal, mais que reste-t-il d’autre aux joies de l’amour que s’inscrire à la Trappe pour prier en retour ?
    Alain

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