Fina Birulés, la seriedad filosófica, ante una Butler autocomplacida.

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Del breve encuentro ­-una hora- que colgué ayer entre Judith Butler y Fina Birulés, a las cuales admiro, aunque no necesariamente coincida plenamente en todos sus planteamientos, entiendo que cabe destacar el concepto de mundo que Birulés asume de Arendt y la cuestión de la gramática que, nuevamente Birulés, trajo a colación a raíz del concepto de certeza de Wittgenstein.

En relación con el primer concepto, Fina Birulés planteaba que el término mundo arendtiano abre una perspectiva relevante desde la que nos hacernos hoy inteligibles: nacemos en un mundo, es decir, en una red de relaciones en interacciones con las cuales vamos construyéndonos como individuos con nuestra identidad. Probablemente, hay identidades que confluyen en un mismo sujeto fruto de esas interrelaciones, antes que una identidad univoca por cada individuo. Sin embargo, este mundo al que llegamos asume la centralidad como concepto de comprensión de las dinámicas sociales: somos vulnerables e interdependientes, lo cual no implica no llegar a ser autónomos. Esto constituye una cierta paradoja ya que, aunque parezca que el sujeto moderno queda desplazado como punto de partida y de inteligibilidad de todo, no deja de ser, según Butler, una visión antropocéntrica poco compatible con los supuestos intentos de situar el mundo como naturaleza como lo fundamental. Aunque, esto sea así, parece un intento contrakantiano ese esfuerzo por trascendernos a nosotros mismos y presuponer que podemos mirar lo otro desde una perspectiva que no sea nuestra propia mirada.

La segunda cuestión, que ellas formularon como el problema de la gramática, y que Birulés sitúa en la órbita del concepto de certeza de Wittgenstein, entiendo que quedó puesto sobre el tapete, pero poco elaborado por parte de ambas, o al menos profundizado en el encuentro. Al respecto, cabe recordar que, para Wittgenstein, la certeza no constituye algo verdadero ni falso, sino las reglas mismas del juego a las que no cabe aplicarles una duda radical, ya que abandonaríamos el juego necesitando adoptar la posición del “ojo divino”, opción pensable pero no posible en la práctica.[1] Desde esta posición, parece que podemos atisbar un paralelismo claro entre el concepto de mundo de Arendt y su manifestación lingüística que no se refieren a sustancia alguna, sino al juego o reglas de relaciones establecidas en las que nacemos y con las que aprendemos a buscar nuestro lugar. En este sentido, Entiendo que Fina Birulés aportó al diálogo dos conceptos como punto de partida que, estando hermanados, hacen posible repensar nuestros modos de vida y nuestras categorías clarificadoras, en ese fluir de lo óntico y lo lingüístico, que parecen fluctuar a la par en muchas situaciones.

Como conclusión, un aplauso a Birulés que, siendo catalana y no teniendo el reconocimiento internacional de Butler, se dedicó a pensar filosóficamente, mientras que para mi decepción -en contraposición con otras conferencias que he presenciado de Butler y la lectura de su obras más destacadas- la gran pensadora que es Judith Butler se mostró deslucida filosóficamente porque desprendía una especie de orgullo de haberse conocido, olvidándose de que aquello no era un festejo hacia su persona, sino un intento de dar a conocer, mediante el diálogo, el pensamiento de ambas filósofas que no cualquiera conoce. Y, para los que ya estamos familiarizados nos quedó, al menos personalmente, el regusto de nada nuevo en el horizonte por parte de Butler.


[1] COSA, LENGUAJE Y SENTIDO EN HEIDEGGER Y WITTGENSTEIN, Ana de Lacalle. Revista ANGAÚ II.

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