Sentirse desbordada por la cantidad de libros que se tienen a medio leer, y todos los que están pendientes de ser leídos, que aguardan pacientemente su turno, aposentados en una mesita empolvada, puede generar una cierta angustia por la impotencia o la incapacidad de afrontar con éxito el reto de rebosarnos de ideas, contenidos y peculiares maneras de entender el mundo, o por la indagación rigurosa sobre aspectos parciales de éste.
Esta mutiladora experiencia, que se ha mostrado de forma reiterada a lo largo de mi existencia, puede ser incapacidad o una exigencia desmedida. En cualquier caso, es dañina. Recuerdo períodos en los que esta vivencia me dejaba paralizada y no podía leer.
Sin embargo, en base al principio psicoanalítico de que todo sentimiento o emoción avivado por estímulos externos adquiere sentido en el contexto de nuestra biografía, he aprendido que no todos tenemos las circunstancias óptimas para hacer lo que una parte de nosotros quiere, ya que junto a esta hay otra que desea otras cosas. Lidiar con diversas querencias es un reto mayor que realizar una de ellas -en caso de que esto sea posible-, ya que la descompensación puede intensificar el conflicto y el malestar.
Aceptar las condiciones de vida que cada uno ha tenido es el primer paso para concederse el respiro de reconocer que se ha hecho lo que se ha podido -y muestra de ello han sido la tenacidad y el empeño- y como reza el dicho quien hace lo que puede no está obligado a más. ¿Qué pasa si, a pesar de ello, nos parece insuficiente lo logrado? ¿Y si ahora disponemos, aparentemente de una situación mucho más favorable y no creemos sacarle todo el jugo que podríamos?
Seguramente, sentir que lo que se ha hecho en la vida no es suficiente sea porque el modelo con el que nos medimos puede ser el equivocado. Quizás sea adecuado para evaluar objetivos parciales o simplemente aplicable a condiciones de existencia diferentes. No obstante, es una nueva tarea recomponerse sin experimentar una falta, una carencia que nunca podemos compensar. Y relacionado con esto último, habría que añadir cómo establecer si las condiciones actuales son o no más favorables. Podemos estar ya muy cansados, necesitar desconectar, no tener la misma capacidad de concentración sostenida. Dicho en otras palabras, el esfuerzo desmedido realizado años atrás nos está pasando factura. Estamos envejeciendo, y unos más rápido que otros -aquí también entra en juego la batalla lidiada a lo largo de la existencia-.
Además, se da el caso de que los fantasmas del pasado se vuelven figuras encarnadas presentes que nos exigen, nuevamente, una dedicación y esfuerzo que ya no estamos en condiciones de asumir con el mismo ímpetu y tenacidad. La percepción de que en lo nuclear la historia se repite, por lo que hay cicatrices que vuelven a supurar, nos hunde en un profundo cansancio vital que se extiende a todas las facetas de nuestro existir. Simplemente, no podemos más.
Probablemente, podremos más de lo que imaginamos, pero a costa de un sobreesfuerzo inconsciente que, cuando se minimice la exigencia, nos recluirá en la oscuridad suficiente para desear dormir; dormir y, si es posible, no despertar. No vaya a ser que nos veamos repitiendo esa devastadora historia.

Très interessant cet article qui fait la critique de son comportement peronnel par rapport aux choix faits
Ce qui apparaît publiquement est parfois loin de ce que l’on désire mais qu’on retient pour le garder caché
Arrive toujours le moment où ca vous étrangle et il faut ventiler
Bonne journée Ana.
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Gracias, sí es necesario ventilarse
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Et ne pas hésiter à se défaire de sa cravate afin de pouvoir déboutonner son col…
Laisser son moi vierge traverser la rue pour qu’il voit ce qui lui manque…
Bonne journée Ana.
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