El miedo oceánico: base del control social.

Un comentario

El miedo, como pánico y angustia ante un posible peligro, se ha convertido en uno de los mecanismos de control social más eficaces en nuestros tiempos. Si ya podía serlo, en otros momentos, la revolución digital que ha dado lugar al uso masivo y cotidiano de las redes sociales ha multiplicado exponencialmente la difusión de el objeto que debería provocarnos pavor. El motivo que irrumpe como desencadenante del miedo puede ser un acontecimiento o el uso utilitarista de ese acontecer. Hay dos ejemplos clarísimos en nuestro tiempo: la pandemia del covid 19 y el cambio climático. Lo peculiar de estos fantasmas consiste en que no pueden ser vistos, sino que están sin que propiamente tengan una materialidad, más allá de las supuestas consecuencias que se le atribuyen. No dejan de ser abstracciones para el individuo, al que pueden provocarle un pavor desmedido por no saber hacia dónde mirar, ni cómo protegerse con garantías. Es un tipo de miedo casi oceánico, porque reaviva nuestros pánicos más primarios, aquellos que no poseen una causa fácilmente identificable.

Políticamente el uso del miedo es un arma eficaz de sometimiento de los individuos porque acaban siendo ellos mismos, por la angustia interior, los que actúan tal y como se esperaba que lo hiciesen, sin esfuerzo por parte del poder político. Una vez plantada la semilla con habilidad, tan solo hay que esperar a que crezca y dé sus frutos.

Ahora bien, si el uso del miedo es tan eficaz es porque responde a una angustia existencial incrustada en lo más profundo de cada uno de nosotros. La cuestión sería ¿por qué nacemos con miedo?

El miedo está íntimamente relacionado con el instinto de supervivencia y con el desamparo con el que venimos al mundo. Nuestros deseos, que en ese momento responden a la satisfacción de las necesidades básicas, penden de la voluntad y el interés de otro que las satisfaga. Por eso, se da un punto de inflexión en el momento en el que el recién nacido se percibe separado de la madre y se angustia, tiene pavor cuando desaparece de su vista a que esta no vuelva a socorrerlo de esa muerte que lo atenaza si nadie lo cuida. Obviamente, un proceso mental inconsciente que, aún así, se apacigua como terror cuando reaparece la figura materna -o quien represente ese rol-. A medida que crecemos, el miedo pasa de ser menos fantasmagórico y más concreto o material. Sin embargo, la angustia más intensa ante un supuesto peligro continúa siendo la que conecta directamente con ese pavor del ser absolutamente dependiente que teme quedar desatendido. De ahí la eficacia en el control de los individuos mediante esos motivos fantasmagóricos que nos producen pánico.

En sintonía con lo expuesto, podemos afirmar que el miedo se sustenta y se alimenta en el interior de cada uno -aunque evidentemente es socialmente contagioso-. Esta angustia interior, casualmente, la abordé hace algún tiempo a partir de un poema de Alejandra Pizarnik[1] que tozudamente me hostigaba. La cuestión nuclear residía en el miedo a morir viviendo, a sentir la caída en el abismo sin la certeza de poder remontar, y el asediante recuerdo de esas experiencias. En otras palabras, las sucesivas muertes por las que todos -o algunos- pasamos y que nunca sabemos si será la muerte o un amago profundamente doloroso de su anticipo. Este pavor ancestral por morir vuelve a remitirnos al miedo oceánico, ese que no tiene rostro, que pasa desapercibido a los sentidos, pero que anega nuestro ser convirtiéndolo en una presa fácil para ser devorada por la parca.

En este contexto, el coraje de rebuscar ese rostro escondido, fijar nuestra mirada en él sosteniendola y retando su escurridiza presencia, es la fortaleza de buscar la transparencia de lo que realmente va a ocurrir, superando de esta forma el miedo, y dejándonos llevar cuando ese acontecimiento definitivo sea inexorable.


[1] https://filosofiadelreconocimiento.com/2020/06/15/el-miedo-alejandra-pizarnik-y-yo/

Otra referencia recomendada: Castany, Bernat «Pánicos identitarios» en CLAVES DE RAZÓN PRÁCTICA. nº 285. nov/dic de 2022.

Singular: 1 comentario en “El miedo oceánico: base del control social.”

  1. Tan sano que era el miedo al infierno…hoy día el miedo radica en ser bloquedo en el whats…San narciso nos libre de ser baneados de su bendito reino….lo demás es lo de menos…Like / amén…Sorry las pastillas mágicas de mi otro Yo se han agotado…besos al vacío desde el vacío

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