¿A quién pertenecen los hijos?

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Sobre la “pertenencia” de los hijos a los padres o al Estado, está teniendo lugar un debate importante, pero creo que irresoluble. Este debate se ha destapado a raíz del controvertido PIN parental[1].

A mi juicio, afirmar una cosa u otra es legitimar quién tiene el derecho primordial sobre la educación de los niños y, por ende, sobre las creencias, principios e incluso propósitos que deben estos perseguir en su vida.

Así, la afirmación de que los hijos son del Estado me eriza el vello, porque ¿De qué Estado en un mundo cada vez más globalizado? ¿Quién es el Estado para considerar de su “propiedad” esos niños que han llegado al mundo de ciudadanos concretos, porque así lo han querido o no, pero que en cualquier caso tienen toda la responsabilidad de protegerlos y favorecer su crecimiento? Como mujer, sufrir el “secuestro” del hijo que acabo de parir por parte de una Institución carente de vida, un constructo absolutamente burocrático de organización política me enerva.

Esto no significa, ni de lejos, que esté de acuerdo con la existencia del denominado PIN parental que censura el contenido que en el currículum educativo se establece para los niños. Estos, estando inmersos en una sociedad concreta, no puede verse aislados de determinados contenidos del tipo que sean que circulan por los medios de información, comunicación y en las conversaciones con sus iguales. Otra cuestión diferente es que los padres puedan y deban reflexionar juntamente con sus hijos sobre muchos de los contenidos o directrices que reciben en la escuela. Se trata de una disquisición y profundización sobre cuestiones que están y son ahora de una determinada manera.

El origen de la idea de que la familia tradicional era un impedimento para una sociedad más justa por parte de los marxistas debe ser contextualizada para no derivar de ella conclusiones que hoy en día resultan desafortunadas. Así Marcuse consideró que:

“De esa forma, el cuerpo en su totalidad se convertiría en un objeto para ser disfrutado, un instrumento de placer. Este cambio en el valor y el alcance de las relaciones eróticas conduciría a una desintegración de las instituciones que han organizado las relaciones interpersonales privadas, en particular la familia monógama y patriarcal.”[2]

Observemos que se han producido cambios en la manera de entender la corporalidad, su existencia material como único ámbito de realidad del que tenemos certeza y, por lo tanto, del que partimos para tomar conciencia de nuestra subjetividad y nuestras potencialidades. Sin embargo, esta liberación de las relaciones de dominación y dominio no pueden tener lugar solo con relación a una institución tradicional y represiva como es la familia, como creía Marcuse, ya que ¿Qué hace el Estado con todos y cada uno de los ciudadanos en la actualidad sino crear átomos de consumo que producen y recrean el ciclo sin gozar de libertad ni en su tiempo de ocio? La familia tradicional ha cambiado. Sin embargo, no parece por el momento que prescindir de la diversidad de formas de entenderla que pueda haber, sea un logro liberador para los individuos, y menos para los niños que necesitan contar con comunidades más o menos reducidas de referencia en la que puedan confiar en que alguien(es) se ocupa especialmente de ellos.

Así, los hijos no pertenecen al Estado, por supuesto, y no es una manera lúcida de reflejar la relación con los padres. Como decía el poeta Khalil Gibran:

 “Tus hijos no son tus hijos. Son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma. No nacen de ti, sino a través de ti y aunque están contigo no te pertenecen.”

Los hijos no son posesión de nadie, son responsabilidad, amor y entrega para su crecimiento. Ya que a ellos les pertenece su vida, aunque no en el sentido de que dispongan de su dominio absoluto -así a nadie nos pertenece- pero sí en cuanto somos cada uno los que vivimos nuestra singular existencia y tenemos responsabilidad en lo que hagamos de ella -también con limitaciones-. Así, afirmar, con el poeta hindú que los hijos pertenecen a la vida, es una manera de manifestar que el camino de cada uno debe ser trazado y elegido sin presiones, condicionantes, ni otras formas que pretendan interferir voluntariamente en el tipo de existencia que cada individuo, como hijo primero, y como adulto después, debe llevar.

En este sentido: Ni Estado, ni padres de los que se pueda predicar ningún tipo de pertenencia. Los hijos no son cosas, y no están aquí para satisfacer las necesidades de nadie, ni instituciones ni personas. Eso, en cualquier caso, lo decidirán ellos mismos cuando educados en la máxima libertad, y capacidad de análisis y crítica, opten por realizar su vida de la forma que crean.


[1] El pin parental otorga a los padres la capacidad de vetar contenidos que se aprueban en el Consejo Escolar. Esos contenidos que permite vetar el pin parental son los de igualdad o educación sexual, y, curiosamente, están recogidos en la LOMCE, la última ley educativa del PP.

[2] Marcuse “Eros y Civilización”. pp. 186. Ed. SARPE. PDF adjunto.

Plural: 2 comentarios en “¿A quién pertenecen los hijos?”

  1. ¡Los hijos, no son ni de los padres ni del Estado!, ¡la vida, no le pertenece a ningún ser humano aunque es un hecho que el Ser humano participa activamente para que ésta se manifieste a través de Él/Ella!.
    El concepto de Yo, mí, mío, está muy arraigado en nuestras mentes con connotaciones ignorantes pero la «realidad» es muy diferente, todo se nos ha prestado por un corto periodo de tiempo, pero aún así creemos que es nuestro y que podemos hacer con ello lo que nos plazca.
    Los padres, el gobierno y los demás componentes de la sociedad humana tenemos en diferentes niveles la responsabilidad de ayudar a desarrollarse correctamente a los niñ@s, ¡pero en ningún momento son nuestros y nos pertenecen!, de hecho, al niñ@ se le lava el cerebro introduciéndole conceptos que no son los correctos y luego cuando su inteligencia se desarrolle más Él/Ella deberá analizarlos y desechar algunos o muchos para salir de ésa programación implantada a la fuerza.
    El mal ejemplo de los adultos, dirige al niñ@ hacia la codicia, volverse depredador, irrespetuoso con las demás especies que conviven con nosotros en éste planeta, egoísta, y un largo etc. que no tiene nada ni de positivo ni de «educación», si no todo lo contrario.
    La así llamada educación que imparten los gobiernos actuales tienen mucho de «pérdida de tiempo» que no te sirve para nada en tu vida practica, y qué decir hoy en día con esa basura que intentan adoctrinar a los niñ@s con conceptos sexuales que no corresponde el ser aprendidos a edades tan tempranas y que chocan claramente con una moral elevada.
    Un problema muy grande en la sociedad es la incompetencia e incualificación de la clase política, su incompetencia e incualificación repercute más tarde en toda la sociedad y consecuentemente en los niñ@s y su educación y formación, conclusión:
    se necesita una reforma de valores en la sociedad humana, y los enfermos mentales que la dirigen, y no me refiero únicamente a los politicos los cuales en definitiva son marionetas de ……

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