La sensibilidad de gozar de lo cotidiano.

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Lo cotidiano, entendido como lo común, corriente, frecuente, habitual, no tiene por qué ser sinónimo de aburrimiento y monotonía. Bien mirado, no hay ningún día idéntico porque cada uno tiene su matiz, su peculiaridad. Es la habilidad de aprehender esa singularidad de cada día, que no es del cada día ya que aludiríamos a homogeneidad, la que nos permite recrearnos y regodearnos en ese matiz difuminado que hace de cada jornada única. La frustración aparece, al igual que el hastío, cuando nuestras expectativas de novedad no son realistas, son desmedidas.

El cariz singular no es una apariencia falaz, sino un mínimo detalle, una frase, un gesto, algo que recibimos de los otros, con los que recíprocamente nos constituimos, y que, por su profunda calidez humana, nos reaviva, nos apasiona y nos induce a desear y a actuar para que esos visos de singularidad lleguen a nosotros, seamos capaces de captarlos y nos dejemos llevar en ese goce de lo que es vivir.

Quienes esperan grandes sucesos benéficos para considerar que un día de su vida ha valido la pena, se verá confrontado en el espejo del narcisismo y la vanidad. Días en los que acontece algo, entendido como una irrupción transformadora que mejora nuestras vidas, hay muy pocos; si solo consideramos motivo de disfrute estos, estamos condenados a la predominancia de una nada que nos ahoga, porque la sabiduría del que vive desde sí en religación con los otros consiste en identificar con la sensibilidad -no es un acto del intelecto- esa savia nueva que nos regalan los otros, y que cada uno dona recíprocamente sin ser consciente de ello, a menudo. Sin embargo, la sensibilidad es capaz de singularizar lo que ni la conciencia, ni la razón advertirían; motivo por el cual una de las claves para el buen vivir es cultivar esa sensibilidad única en cada individuo, y universal. Ahí está el quid de la cuestión: todos estamos dotados con la sensibilidad de aprehender los gestos ajenos que nos elevan como humanos,  el reto para no hallarnos en una profunda monotonía, resignados a la desidia, es el cultivo de esa sensibilidad que nos proporciona más goce y más profundidad es nuestro modo de vivir.

Cuando parace que no nos queda nada, la sensibilidad nos proporciona el mayor motivo para vivr: dar y recibir de los otros, co-construyéndonos dinámicamente como posibilidad siempre presente y actuante.

Plural: 6 comentarios en “La sensibilidad de gozar de lo cotidiano.”

  1. (…) la sabiduría (inteligencia en reflexión constante) del que vive desde sí en religación con los otros (encontrar nuevas sensaciones que no observaste an anterior encuentro) consiste en identificar con la sensibilidad (contacto humano) -no es un acto del intelecto- esa savia nueva que nos regalan los otros, y que cada uno dona recíprocamente (…).

    «Inteligencia, en reflexión constante, permite encontrar nuevas sensaciones que no comprendiste en anterior contacto humano, y que te permite incorporar a lo cotidiano nuevas sensaciones».

    Gracias por la dinamica reflexión.

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