Reconocer los cuerpos: existencia singularizada.

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“Por todo esto, nuestra lucha tiene que empezar por reapropiarnos de nuestro cuerpo, por revaluar y redescubrir su capacidad de resistencia y por expandir y celebrar sus poderes, individual y colectivamente.

El baile es esencial para esta reapropiación. En esencia, el acto de bailar es una exploración y una invención de lo que puede hacer el cuerpo: de sus capacidades, sus lenguajes, sus formas de articular los afanes de nuestro ser. He llegado a la conclusión de que existe una filosofía en el baile, puesto que la danza imita procesos a través de los que nos relacionamos con el mundo, nos conectamos con otros cuerpos, nos transformamos a nosotros y al espacio que nos rodea. Por medio del baile aprendemos que la materia no es estúpida, ni ciega, ni mecánica, sino que tiene sus ritmos, su lenguaje, se autoactiva y se autoorganiza. Nuestro cuerpo tiene motivos que necesitamos conocer, redescubrir y reinventar. (…) Dado que el poder de afectar y ser afectado, de mover y ser movido es constitutivo del cuerpo, en este reside una cualidad política inmanente: la capacidad de transformarse a sí mismo y a los demás y de cambiar el mundo.”

Silvia Federici. Ir más allá de la piel. Repensar, rehacer y reivindicar el cuerpo en el capitalismo contemporáneo. Editorial Traficantes de sueños. 2022. Madrid. Pg. 179-180.

El fragmento con el que se encabeza este artículo sirve para enmarcar la cuestión que deseamos abordar, a saber, la experiencia renovada de lo corpóreo como forma de liberación de algunas servitudes que impone el capitalismo. Consistiría en repensarnos como cuerpos que sienten, piensan, sufren, gozan huyendo de dualismos del tipo mente/cuerpo que disocian una del otro, y nos conducen a creer que el cuerpo es un mero vehículo transitorio. Reapropiarnos del cuerpo, como expresa Federici, es crucial para hacerlo de nosotros mismos como existentes singularizados en un tiempo.

Y esta necesidad de otorgar al cuerpo su identificación de existente, no solo responde al uso que el sistema capitalista ha hecho del cuerpo femenino -aunque también- sino de cada cuerpo, de cada individuo al margen de su condición sexual, de género, raza, su estética; y decimos al margen, porque ha utilizado cada una de estas peculiaridades para domeñar y someter a los individuos a formas y pautas de existencia concretas. En este sentido, al margen significa sin prescindir de ninguna singularidad que pudiese ser utilizada como instrumento de sometimiento y socialización.

Así, recuperar el cuerpo significa, en primer lugar, estimarlo como lo que somos en el instante, y en cada nuevo momento en el que este cambia, se modifica y se transforma. Significa entender que todo cuerpo debe tener su lugar, por ser el individuo y, a la postre, el ciudadano al que el Estado le otorga derechos. Dignificar el cuerpo es asumirnos como materialidades únicas que merecen igual trato al margen de su manifestación concreta. Y esta voluntad de dignificación exige no someternos a los patrones normativos que los poderes imponen para asignar roles que el sistema económico necesita.

Este gesto de liberación de cómo debemos comportarnos y moldear nuestros cuerpos, Federici lo entiende como un baile tras el cual hay tácitamente una filosofía. La autora destaca el baile como forma de expresión y conexión de unos cuerpos con otros, una danza que desata los cuerpos para desarrollarse en esa libre manifestación de lo que son. No implica, que todo cuerpo deba bailar porque si no, no se emancipa, en el sentido literal, lo que se está destacando es que los cuerpos deben sentirse reconocidos como son para poder campar libremente, sea bailando, haciendo el pino, o meciéndose sin parar. Cada cuerpo se sentirá liberado de forma propia.

Lo dicho, es reivindicar lo humano en su expresión material, un existente singular que puede ser “tocado”, y que, por eso mismo, el espacio social será liberador si permite que se entretejan los cuerpos, unos en interdependencia con los otros, porque no hay otra manera de existir para lo humano. En lugar de que lo político sea sometimiento y dominación, hay que forjar espacios de emancipación sin olvidar que somos cuerpos, materialidad concreta.

Si reconocemos la dignidad de toda corporalidad, habremos superado machismos, racismos, clasismos y cualquier intento de posicionar políticamente un cuerpo humano atendiendo a su condición. Esto, que dicho brevemente puede parecer una menudencia, sería un punto de inflexión crucial para liberarnos de algunas de las estrategias más potentes que utiliza el  neocapitalismo tecnológico para doblegarnos y convertirnos en “ciudadanos sometidos”, ajenos a nosotros mismos.

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