Historias delirantes

Se derrumba con nosotros en el interior un posible delirio de amor. Quizás nada hubo, ni nada fue, más que una larga huida mental a un paraíso al que me aferré como mecanismo de defensa. Es muy triste apercibirse del carácter simbólico de los propios delirios.

Dios como ausente

Ahora bien, si Dios es un desconocido cuya huella es la ausencia deviene lo inefable, entonces ¿cómo pudo el hombre poner en palabras lo ignoto? Acaso lo no conocido, ni descubierto solo quepa  imaginarlo a partir de lo ya sabido, a modo de proyección o delirio desesperado ¡Qué inutilidad como alucinación la figura de un [...]