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Si cada época arrastra su vergüenza, seguramente los albores del siglo XXI serán recordados por el masivo traslado de refugiados e inmigrantes a Occidente y la falta de humanidad de los que debíamos acogerlos y de los que provocaron su huida. Así como el empobrecimiento de las capas más desfavorecidas a nivel global.

Puede parecer cansino estar reiteradamente con la misma cuestión, pero mi conciencia me dice que la vida de miles de personas no es una cuestión más. Conturba cómo podemos estar televisando el éxodo de estas familias desesperadas-como si se tratase de la migración natural de un grupo de aves- Observando su decadencia, su estado cada vez más precario, y ¡no actuar! En breve podremos constatar cómo van pereciendo sin remedio por el camino, y el rastro de cadáveres que vayan dejando por Europa será el Holocausto del S.XXI. Esta vez mejorado, porque será consentido por todos y televisado. ¡Cuánto progresamos!

Hace unos días escuchaba por internet una conferencia de Javier Gomá –al cual respeto profundamente- en la que presentaba una evidencia de que nuestra sociedad Occidental era la mejor de la historia, y que a pesar de lo que nos parezca, habíamos progresado también moralmente: si usábamos el velo de la ignorancia de Rawls[1], todos elegían la sociedad actual como aquella en la que querrían volver a nacer. Sin duda parecía un argumento incontestable si no te apercibías de que volvíamos a caer en el eurocentrismo –criticado por el propio Gomá- Es decir, si el velo de ignorancia lo aplicas a individuos occidentales quizás sí que obtienes una respuesta exitosa en relación a la sociedad actual pero, ¿y si ese velo se lo aplicas a las miles de personas que vagan desde hace meses por Europa sin que haya posibilidad de acogida, ni de trato digno durante su viaje? Somos la mejor sociedad posible ¿en relación a qué o a quién?

Como bien sabemos mejorar es un concepto relativo que exige un criterio que nos permita saber en qué sentido y qué significa. Si el baremo siempre somos nosotros, la endogamia nos impide ver el horizonte. Así nunca seremos una cultura dispuesta al desarrollo de la humanidad.

[1] El velo de ignorància de Rawls fue formulado como criterio de justícia bajo el supuesto de que un individuo debía expressar, sin saber qué lugar ocuparia en esa determinada Sociedad si ésta le parecía justa o no.