Alternativas a las instituciones

Idear una forma de vida que pueda zafarse de la institucionalización es tal vez una quimera  que puede desembocar en la auténtica desesperanza de formas alternativas de vida. ¿Cómo construir una vida ajena a las cadenas de la estructura que sustenta un sistema, dentro del sistema? Seré pesimista, o profundamente relista, pero se me antoja imposible. Y, lo más terrible no es solo que el propio sistema no lo permite porque acaba sancionando o marginando a quienes lo intentan, sino que los intentos de llevar a cabo maneras de entender la vida diferentes, en cuanto engloban a un colectivo de individuos, exige de unas reglas, unos márgenes de actuación e identificación con el grupo que ya son otra repetición institucionalizada, aunque sus fines sean reventar el sistema, lo están, en parte, reproduciendo. Y esto, porque no hay colectivo que pueda funcionar sin un régimen normativo que garantice el mantenimiento del grupo.

Tal vez por eso en sus inicios el movimiento 15M amenazó con poner en peligro la única política que hay, la neocapitalista, mientras fue una explosión espontánea de resistencia y boicot. Pero su integración en la estructura política, que era lo que el sistema les demandaba continuamente, mediante el partido político Podemos, acabó con la radicalidad de un momento romántico, seguramente, pero auténtico.

A partir de ahí solo restan grupúsculos que se oponen al sistema con una fragilidad que se origina no solo de que son un átomo en un sitema molecular inmenso, sino que muchos de los conciudadanos no entienden que esas acciones esporádicas sirvan para algo, y acaban perjudicando a menudo a los que se han resignado a sobrevivir en el único sistema que por eficacia económica, para las élites que poseen el capital, ha triunfado y se ha impuesto.

Hay quien decía que no son buenos momentos para la lírica, como no lo son para oponerse a una estructura que atraviesa todo el planeta y que se ha convertido en el gran Leviatán, sumergido en una cierta impersonalización que dificulta su identificación en su núcleo. Desde donde podría ser menoscabado.

¿Qué nos queda? La espontánea solidaridad de unos con otros que como se ha demostrado ha ayudado a muchos a sobrevivir durante una delas crisis económicas más duras que hemos vivido, y de la cual restan coletazos que tardaremos en atajar.

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