“CUANDO EL AMOR SE LLAMA ODIO” de RICARD PÉREZ BRAÑA. CÉLEBRE EDITORIAL. Abril de 2019, Badalona. Reseña crítica por Ana de Lacalle

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Sinopsis:

 París, 1936

                En una época donde la relación entre dos hombres era condenada a prisión y a trabajos forzados, la situación de los dos jóvenes protagonistas se complica cuando se enamoran y se inicia la Segunda Guerra Mundial. La relación sentimental entre un judío y un alemán arraigado al nazismo, llevará a ambos a una terrible epopeya donde sus vidas penderán de un hilo. Cuando uno de ellos comprende que el amor  es en realidad un disfraz camuflado en el odio más intenso, su actitud desencadena las peores consecuencias que jamás pudo imaginar. El precio a pagar por la relación entre jóvenes del mismo sexo y de ideales opuestos, será demasiado  alto como para mantener con vida a todos los miembros de ambas familias.

RicardLa novela de Pérez Braña es un alegato contra el holocausto que tuvo lugar en la Segunda Guerra Mundial, despreciando a su vez la homofobia y la xenofobia. Se sirve, como punto de partida, de un ataque despiadado a una pareja de homosexuales, para trazar a partir de ahí la historia de la familia Goyzman  y la de su aparente benefactora la familia Von Kleist.

El relato, narrado en un lenguaje sencillo y extremadamente vibrante, va progresivamente manejando el tempo de los acontecimientos con más brillantez, haciendo de la obra una novela larga pero no excesiva atendiendo a la vertiginosa avalancha de sucesos, que hilados con habilidad y la paciencia requerida para hacerlos verosímiles, va desplegando el autor. Tal vez ese estar labrando el ritmo de lo que ocurre se quiebra al final, como lo hiciera en las primeras páginas.

Sin pretensión de desvelar el suspense y la intriga que va atrapando al lector, la novela va planteando implícita o explícitamente cuestiones sobre la condición humana que a menudo despejamos con un maniqueísmo tendiente a acallar nuestra propia conciencia moral. En este sentido la lectura de esta desgarradora novela, cuyo zénit según mi criterio no revelo por exigencias obvias de respetar la lectura de la obra, me ha trasladado a la polémica que despertó la mismísima Hannah Arendt en su escrito “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal”.

“En este testimonio que representa la reflexión de Arendt a partir del juicio que en 1961 se llevó a cabo contra Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS y uno de los mayores criminales de la historia, Hannah Arendt estudia en este ensayo las causas que propiciaron el holocausto, el papel equívoco que desempeñaron en tal genocidio los consejos judíos —cuestión que, en su época, fue motivo de una airada controversia—, así como la naturaleza y la función de la justicia, aspecto que la lleva a plantear la necesidad de instituir un tribunal internacional capaz de juzgar crímenes contra la humanidad. Poco a poco, la mirada lúcida y penetrante de Arendt va desentrañando la personalidad del acusado, analiza su contexto social y político y su rigor intachable a la hora de organizar la deportación y el exterminio de las comunidades judías. Al mismo tiempo, la filósofa alemana estudia la colaboración o la resistencia en la aplicación de la Solución Final por parte de algunas naciones ocupadas, expone problemas que aún hoy día no se han dilucidado –la relación entre la legalidad y la justicia– y cuya trascendencia sigue determinando la escena política de nuestros días.”[1]

 En síntesis, Arendt se interrogó sobre la auténtica maldad de los que llevaron a cabo esas atrocidades, cuestionando si no forma parte de la condición humana adaptarse a las circunstancias bajo la exigencia de sobrevivir, y si en consecuencia no fueron hombres “normales” como nosotros que se vieron inmersos en una locura de la que no tuvieron auténtica conciencia sobre el mal o el bien que implicaba, teniendo en cuenta que cumplían con la legalidad vigente y un fervor colectivo que desbordó cualquier previsión. De hecho la controversia con los Consejos Judíos estaba íntimamente vinculada con la pasividad y condescendencia ante la matanza de millones de personas judías, que estos adoptaron por supervivencia, como vemos en diversas ocasiones en la novela de Ricard Pérez: el silencio y la pasividad ante macabros sucesos por proteger la propia vida, incluso entre el mismo pueblo judío.

De esta forma nos hallamos ante una obra, que el propio autor califica de thriller histórico, con enjundia. Lo único banal –usando la expresión arendtiana- sea quizás que el bien y el mal lo son en cuanto no están genéticamente incrustados en una determinada etnia, sino que surgen y fructifican según el contexto político, social económico e histórico en el que nos hallamos, y podrían darse por tanto uno o el otro.

Su lectura es tremendamente sugerente ya que, al margen de los hechos concretos que se narran, se nos plantean cuestiones de una vigencia rabiosa y para constatar lo dicho no hay más que consultar https://es.wikipedia.org/wiki/Genocidios_en_la_historia

Como podemos ver y de hecho sabemos, recordar el holocausto no ha servido para que no se repita, porque se han dado otros posteriormente y hoy se siguen dando. https://elpais.com/tag/genocidio/a

En conclusión, sumergirse  en esta narración tan lograda como desgarradora no puede dejar indiferente a nadie, ni acabar su lectura como si nada hubiese anegado nuestra mente.

 

[1] Hannah Arendt: “Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal”. Editorial Lumen, 4ª edición.Barcelona 2003. Intorucción de D.Rafecas.

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