La crueldad

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La crueldad, como híbrido entre el odio y la venganza, ha sido vertida por todos, alguna vez, con la impiedad y la fiereza que la caracterizan. Este tipo de acción, cuyo fin es producir daño a otro, puede originarse por la voluntad y conscientemente; o bien legitimando nuestra acción en nombre de algún propósito elevado, ser descargada inconscientemente con toda la inquina y agudo encono del que somos capaces.

La necesidad de dañar pudiera ser consecuencia de habernos sentido agredidos, sufrir la envidia que nos carcome ante los logros del otro, o un sinfín de motivos que pueden resultarnos inconfesables.

Sea como fuere, creo que es de justicia reconocer que el encono del que somos víctimas en ocasiones ha podido ser provocado por nosotros mismos, de esa manera inocente por velada y distorsionada que parece legitimar cuanto le decimos al otro.

Así se validaría el refrán “Donde las dan las toman”, seamos o no auténticos sabedores de que damos, pero perfectamente sintientes de que recibimos.

Quizás, no sea más que la realización de la justicia en una batalla lidiada con eufemismos y justificaciones por toda la rabia que volcamos en el otro.

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