Presentación del libro “Conceptos para disolver la educación capitalista” Terra Ignota ediciones. Un sugerente encuentro con pensadores críticos

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Ayer tuve el placer de asistir a la presentación de un diccionario crítico desde una perspectiva filosófica titulado ” Conceptos para disolver la educación capitalista” cuyos compiladores son  J. Félix Angulo Rasco y  Ricardo Espinoza Lolas; obra que comentaré cuando haya procedido a su lectura. El caso es que me encontré con un grupo de especialistas de los que espero aprender mucho, pero de los que no puedo dejar de destacar, en este momento, que coincidían en mi rechazo de lo que Byung-Chul Han ha descrito en sus micro-ensayos, sin un análisis riguroso y por supuesto obviando el problema nuclear que es el neocapitalismo -por sus nuevas estrategias- y que tanto eco han tenido, incluso en circuitos académicos. Me congratulo, en consecuencia, de haber tenido el privilegio de coincidir con un colectivo de pensadores que parecen sustraerse del encantamiento del pensamiento único -por muy diversificado que parezca- Casi con euforia, reproduzco dos artículos editados en este blog con el entusiasmo de no ser la voz que clama en el desierto, que equivale hoy a estar absolutamente fuera de lugar, entendiendo esta expresión como desplazada mentalmente de lo que debe ser verdad, porque todos aplauden.

El primero de ellos está datado en setiembre de 2016 y llevaba por título “Crítica a la sociedad del cansancio”, que reproduzco a continuación:

Hace días me topé con la contraportada de un pequeño ensayo –del que ya tenía noticia- que despertó mi curiosidad y, por qué no reconocerlo, fascinación. El fragmento rezaba así “La depresión,  el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno límite de personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional definen el panorama de comienzos de este siglo. Estas enfermedades no son infecciones, sino estados patológicos que siguen a su vez una dialéctica, pero no una dialéctica de la negatividad, sino de la positividad, hasta el punto de que cabría atribuirles un exceso de esta última.” Es decir, Byung-Chul Han afirmaba que una serie de patologías mentales tenían su explicación desde lo que él denominaba la dialéctica de la positividad, que intuía, por la introducción que precedía al fragmento citado, era una determinada dinámica social nueva y contrapuesta a la anterior calificada de negativa. La posibilidad de dar cuenta en  especial de un trastorno tan complejo como el trastorno límite, no desde las dinámicas intrapsíquicas, genéticas o del influjo del entorno inmediato del individuo, sino de las dinámicas socio-culturales en general me pareció un reto casi inasumible. Pero  al coronar el ensayo con el título “la sociedad del cansancio” pensé que, tal vez sí, el filósofo coreano, asentado en Berlín, había sido capaz de aprehender algo de lo que es arrastrar una enfermedad mental. Así, pues, me dejé seducir y adquirí el librito deseosa de zambullirme en los misterios de semejante hazaña.

Chul-Han parte del supuesto de que cada época tiene sus enfermedades emblemáticas y las del S.XXI son las patologías neuronales. Estas responden asimismo a un paradigma social y cultural que el autor designa como dialéctica de lo positivo, en oposición al paradigma de la dialéctica de lo negativo  que daba cuenta de la época inmunológica. El S.XXI es un sistema dominado por lo idéntico, en el sentido de que no hay oposición, todo es absorbido y todo tiene cabida, es una sociedad de la permisividad y de la pacificación y lo que se produce es un exceso, una sobreabundancia, en tanto que nada es negado ni expulsado. “la violencia neuronal que da lugar a infartos psíquicos consiste en un terror de la inmanencia”, asegura Chul Han. Así, esta positividad genera violencia resultante de la superproducción , el superrendimiento o la supercomunicación  porque produce agotamiento, fatiga, asfixia. Más aún cuando a esta dinámica de la positividad le sigue progresivamente un imperativo no disciplinario –como en la sociedad de la negatividad- sino una normatividad del rendimiento, en el sentido de poder, tener capacidad. Es decir, lo normal es poder, tener la posibilidad de rendir y ser el máximo de eficaz. Desde esta perspectiva entendemos, según la exposición que va desarrollando el autor, que la sociedad del rendimiento dé como resultado individuos fracasados y deprimidos ya que aquellos que no pueden asumir el patrón de normalidad-ideal se hunden en la miseria de su incapacidad. También desde esta perspectiva podría justificarse el síndrome de desgaste ocupacional en tanto que el esfuerzo del individuo por “dar la talla” del máximo rendimiento y la máxima eficacia, en ocasiones, nunca parece suficiente. En correspondencia con esta vorágine la sociedad se convierte en un flujo excesivo de información y comunicación que exige del individuo una capacidad de hiperatención y que sobreestimula sus sensores. No es de extrañar pues que se originen otra de las patologías neuronales mencionadas por Chul Han como es el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Se produce, además, uno de los retrocesos más significativos en la cultura occidental: la incapacidad de sostener el aburrimiento, el hastío y por ende la carencia de interioridad y desarrollo de la propia creatividad.

Hasta aquí, y ya me disculpará Byung-Chul hang, con un lenguaje más caótico y  profano ya ha llegado el sentido común de la mayoría de neófitos en este tipo de reflexiones. Y lo considero así, cuando de forma espontánea formulan que el estrés que llevamos todos hoy en día es insoportable y acabaremos locos, o cuando se lamentan de que los niños no pueden centrarse porque tienen demasiadas cosas que llaman su atención y van como mariposas de un lado a otro, o cuando no entienden el porqué sus hijos no se pueden aburrir si ellos se aburrían como ostras y a nadie le preocupaba. Me temo que cuando el sentido común clama a gritos algo la reflexión filosófica ya está caducada.

No obstante, mi mayor crítica al ensayo que nos ocupa es que en ningún momento trasciende el sentido común y da cuenta explícita de aquello que motivó por mi parte la adquisición del librito: ¿Cómo puede ser explicado desde un paradigma sociocultural el origen del trastorno límite de la personalidad? Obviamente debe ser que no se puede,  porque el autor no hace ninguna mención –y menos un análisis- explícita al mencionado trastorno en toda la obra. A esto yo lo denomino suavemente publicidad engañosa y, siendo algo más rigurosa, estafa. Me parece algo denigrante para la filosofía hoy, que un señor pueda convertir en betseller – a lo Belén Esteban- un ensayo que no trasciende las reflexiones que muchos ciudadanos hacen desde el sentido común, y enganche a otros compañeros de profesión en base a una supuesta reflexión fantasma que sin pudor anuncia en la contraportada. Considero que los únicos capítulos estimulantes son aquellos en los que hace referencia al relato de Melville ”Bartleby” y en el que se recrea en el “Ensayo sobre el cansancio” de Handke, mérito de la entidad de los propios escritos referidos.

Quede como testimonio mi rechazo contra la publicación de panfletos filosóficos que denigran la filosofía en un momento  en que muchos, creo, intentamos reubicarla ante el intento de extinción de las humanidades en general. Así, compañero Byung-Chul Han venderá libros pero tal vez con ellos su alma al diablo.

El segundo artículo aparecido en el periódico La Vanguardia y titulado “Las recetas de los pensadores para 10 debates de hoy” en el que planteaba no solo diez cuestiones sino que acudía a diez pensadores que entendían como referentes en el análisis de esos problemas.Pero ¡alerta! aseveraba que estos filósofos proporcionaban recetas. Más cercanos a la autoayuda según el titular que a ningún tipo de análisi crítico. No obstante, esta sui géneris agrupación es consecuencia del mandato panfletario y propagandístico del diario que de los autores que menciona; a algunos los desconozco, otros merecen toda mi admiración y alguno mi total desaprobación como es el caso de Byung-Chul Han.

https://www.lavanguardia.com/vida/20190106/453954726568/filosofia-rol-papel-aplicacion-mundo-uso-debate.html

A continuación, el artículo de mi blog publicado en enero del 2019:

El domingo seis de enero, aparecía en el periódico la Vanguardia un reportaje sobre “las recetas de los pensadores para diez debates de hoy”, con la pretensión de mostrar la “utilidad de las humanidades” y, en concreto, de la Filosofía. Obviamente es un escueto y superficial recorrido sobre lo que consideran los problemas más acuciantes del mundo actual, y cómo estos estaban presentes ya en autores clásicos, a la vez que se hallan como objeto de indagación de pensadores actuales.

Del reportaje hay algunas cuestiones que me han sorprendido y, por qué no disgustado. En primer lugar que no se zafa del empeño utilitarista liberal de identificar valor con utilidad, en un sentido pragmático, y por tanto su contenido se encuentra enredado en la trampa cultural más sutil de nuestro tiempo: todo cuanto tiene efectos prácticos, beneficios palpables en la sociedad o en las formas de vida, es valioso; de ahí el imperio de la ciencia y la tecnología como el supuesto saber idolatrado por el que cabe apostar, ya que toda otra manifestación relativa al espíritu humano se ve infructuosa, caduca e inservible.

Declaraba Nuccio Ordine, en una de las obras más atinadas de los últimos años La Utilidad de lo Inútil,  que “Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, sólo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida. Y en ese momento, cuando la desertificación del espíritu nos haya ya agostado, será en verdad difícil imaginar que el ignorante homo sapiens pueda desempeñar todavía un papel en la tarea de hacer más humana la humanidad.” Para el autor su Manifiesto, en cuanto pretende impulsar una resistencia a la dictadura del beneficio, es un lamento desesperado por proteger lo gratuito, la cultura, como una forma imprescindible de que la deshumanización del utilitarismo del lucro se refrene y explicite como el discurso de fondo que sirve de único criterio de valoración de lo humano. Sin esta lucha y resistencia por los bienes del espíritu, Ordine entiende que estamos destinados a una deshumanización desbocada.

Así, rechazo frontalmente el planteamiento desde el cual el reportaje mencionado se propone recuperar la Filosofía como algo útil.

Pero además, me provoca cierta grima que se planteen como “recetas” las supuestas reflexiones que la Filosofía puede aportar al mundo actual, presentándola como una disciplina de “autoayuda”, que nada tiene que ver con esa moda narcisista y por supuesto no se elabora ni se gesta como pautas a seguir para una vida mejor. Al contrario, quien ahonda en el fango de la auténtica Filosofía puede salir fortalecido y enriquecido espiritualmente, pero no necesariamente feliz o más feliz, ya que como advirtiera un clásico como Kant el ejercicio honesto, virtuoso nos hace dignos de la felicidad, pero seguramente menos felices, porque no contemplamos el beneficio inmediato, ni a largo plazo  -esto ya es más cuestionable- propio.

Finalmente, y tal vez lo más relevante, diría que los problemas acuciantes a los que se refiere –y algunos lo son de forma urgente- no constituyen el núcleo de la cuestión, sino que se me antojan síntomas del mal previo que resta absolutamente obviado: la perpetuación del establishment, del sistema neocapitalista, agónicamente competitivo y elitista que es la causa velada de las diez cuestiones expuestas como lo problemático. Esto no significa que no haya que abordar esos conflictos políticamente, y por ende desde los sujetos que ocupan ese espacio económico social, pero parece evidente que, como en cualquier patología, el tratamiento de los síntomas constituye un lenitivo, pero nunca una cura, y lo único que puede posibilitar una sociedad más humanizada es atajar la causa común a la diversidad de manifestaciones conflictivas.

Por ello la Filosofía, nunca puede adoptar la forma de un discurso aparentemente crítico pero que el sistema absorbe como aparente contrapartida que no supone, de facto, ningún tipo de movilización social, ni de resistencia contra el sistema impuesto. Y eso me temo, es lo que sucede a menudo, sobre todo si tomamos como referentes a autores –y no puedo dominar mi deseo de manifestarlo una vez más- como Byung-Chul Han que muriendo de éxito, no elabora más que panfletos, cuyo contenido no es en absoluto originario, sino una formulación lingüística nueva de lo que filósofos que le han precedido habían analizado  ya con más rigurosidad y honestidad. Pero esta es otra cuestión recurrente en mí, con la que casi nadie coincide; será mi sempiterna ignorancia.

Para aquirirlo clicad en el título anterior

Plural: 2 comentarios en “Presentación del libro “Conceptos para disolver la educación capitalista” Terra Ignota ediciones. Un sugerente encuentro con pensadores críticos”

  1. Voy a tomarme el tiempo debido para leer todo, porque hay bastante que leer -afortunadamente- y no quiero pronunciarme a la ligera. Pero de entrada me llama la atención el uso del término capitalista para casi para todo. En España, desde luego, el sistema educativo puede llamarse de muchas maneras, pero dudo que capitalista sea una de ellas. Lo leeré con calma. Puede que esté equivocado. Otro libro que me apunto para la adquisición semanal de ejemplares a añadir a mi biblioteca.

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