EL PROBLEMA DEL MAL

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FUENTE DE LA IMAGEN: https://www.art-consciousness.com/2018/10/abstracted-paintings-by-joseph-lee/

El problema del Mal ha constituido un motivo de angustia, miedo y desazón desde la Grecia Antigua. Desde entonces, a lo largo de la historia, lo que ha cambiado ha sido la manera de dar respuesta a lo que se considera la cuestión crucial: su origen. Esto responde a la creencia de que si se identifica la causa -el origen- el humano puede, quizás, evitar lo pernicioso que, por desconocido, siente que le sobreviene y asola.  Así, desde las interacciones griegas entre los dioses y los hombres que marcaban el destino de estos últimos desde una inmanencia, a veces, casi encarnada de lo divino, hasta la concepción cristiana del pecado como desencadenante necesario del mal.

Pero ¿Cómo podemos afrontar hoy el problema del mal? Releyendo un texto de Ricoeur sobre el mal[1], y difiriendo de éste, creo necesario distinguir con claridad qué puede ser calificado con el calificativo de malo, como adjetivación de la presencia del mal. En este sentido, desestimo que las denominadas “catástrofes naturales” puedan ser objeto de este tipo de valoración. La naturaleza sigue un curso que, en muchísimos aspectos, hemos conseguido entender, su devenir es, sin más. Ahora bien, en la medida en que los humanos habitamos el planeta las transformaciones del entorno afectan de manera relevante nuestras vidas, pero la Naturaleza cambia, ruge por sí misma; y nosotros no somos nada más que algo insignificante en esa secuencia de acontecimientos naturales. La calificación de catástrofe no es más que el juicio humano sobre cómo los fenómenos naturales nos afectan a nosotros. Más aún si, en parte, como se asevera hoy en día se está produciendo un cambio climático derivado de la acción humana devastadora sobre el medio ambiente. No obstante, los tsunamis, los tifones, las erupciones volcánicas no tienen ningún componente vengativo por parte de la Naturaleza. Afirmar eso es simplemente una personificación que como metáfora puede tener su interés, pero nunca como descripción de lo que sucede.

En consecuencia, no podemos coherentemente afirmar que los fenómenos naturales constituyan un mal en sí mismos. Pueden serlo como resultado de la superpoblación y explotación del territorio que ha ubicado viviendas en zonas nada aconsejables, precisamente por la actividad intensa e inesperada de la misma Naturaleza; no, por supuesto, porque esta se vengue. El antropocentrismo nos ha conducido a crear un mundo y someter al planeta como si fuésemos sus dueños únicos y suponemos que éste está al servicio de la humanidad. Craso error y desviada percepción.

De esta manera, referirnos al mal es únicamente hablar de lo humano, en concreto de un juicio moral que formulamos y que debe ajustarse al ámbito de nuestras decisiones y acciones. Cierto es que, puede entenderse como una entidad abstracta, que subsiste por sí misma y, que reposa en lo fenoménico por razones desconocidas o divinas. Mas, en un mundo en el que la diversidad de valores, el relativismo moral y el nihilismo arraigado, conscientes o no, en nuestras formas de vida, entiendo que lo más consistente es atribuir el origen de mal y de su antónimo el bien a esa esfera que antes mencionaba de lo meramente humano -no olvidemos que somos nosotros la fuente del juicio moral de lo que sucede, -y es irracional atribuirle una intencionalidad-

Por lo tanto, el mal es un problema en tanto que denominamos como tal a lo que produce perjuicio o daño a nosotros o a los otros, e incluso a la comunidad social. Ahora bien, creo haber ido estableciendo que el único origen constatable de lo malo o lo bueno, y de los matices que disuelven ese antagonismo antes referido, no es otro que el sujeto humano que dirime qué hacer, decide y actúa. Si suponemos que esta es la causa constatable del mal, nos acucian otras cuestiones respecto de en qué consiste lo bueno, qué es, en consecuencia, lo malo y si disponemos de criterios y de que alcance y naturaleza para el discernimiento. Casi nada.

Esta es la cuestión de fondo que plantea mi última novela EL MAL QUE NOS HACEMOS, y que presentaré en el marco del CLUB MUNDIAL DE FILOSOFÍA este próximo viernes 27 de mayo a las 16h. de España. Atendiendo a la dinámica del CLUB, mi intervención será más o menos breve sin desvelar en absoluto nada sobre la trama de intriga que vertebra la obra, y lo interesante será el diálogo que en referencia al PROBLEMA DEL MAL se establezca entre los componentes de este foro de reflexión filosófico, en el que estará presente @Francisco Tomás González Cabañas y otros colegas que puedan participar.

Os emplazo pues, a este viernes en directo en la página de Facebook del CLUB MUNDIAL DE FILOSOFÍA, en el que tras la emisión quedará colgado el vídeo para aquellos que deseéis visualizarlo en otro momento.


[1] Ricoeur, P. EL MAL. Un desafio a la filosofia y a la teologia. Amorrortu editores. Buenos Aires, 2007.

Plural: 4 comentarios en “EL PROBLEMA DEL MAL”

  1. Très attaché aux notions de bien et de mal, je dois dire que je ne trouve que peu de relations avec dans ce que la société en reconnaît aujourd’hui. La réflexion a disparu, on traite à l’emporte-pièce en fonction de causes d’intérêt déplacé et dont on critiquera la retenue dans l’instant qui suivra. L’élection qui vient d’&voir lieu en France en témoigne totalement…
    Alain

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  2. El mal…¿La ausencia del Bien? ¿un absoluto? ¿inherente a la naturaleza humana o aprendido? ¿capacidad humana por causar daño en aras de una utopía? Suele ser un tópico que me quita el sueño para malestar de mi otro Yo…Espero con ansias poder estar allí para escuchar, siempre y cuando reciba el visto bueno de la gerencia…sorry Besos al vacío desde el vacío

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