EGOÍSMO NATURAL

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A pesar de todas las objeciones del egoísmo natural, la voluntad puede enardecerse con este conocimiento, y hacer que la virtud de la justicia eche raíces en él, que se asiente en su corazón la máxima de querer actuar siempre honesta y honradamente, de manera que cada acción esté acompañada desde entonces por el sentimiento de la pura satisfacción. Además, se siente en concordancia con la ley, es decir, actúa moralmente.

Mainländer, P. “Filosofía de la redención”. Alianza editorial. 2014. Pg. 189.

En contra de lo que pudiera parecer, y Mainländer no es el único ni el primero que lo sustenta, sin egoísmo no habría moral ya que ésta no sería necesaria. Así, según este filósofo la tendencia de la voluntad a satisfacer los propios deseos (egoísmo natural) se ve acompañada de la razón, la cual permite deliberar si es más beneficioso para el individuo satisfacer el deseo inmediato o bien, postergar la satisfacción con vistas a obtener un mayor placer o evitar un gran dolor. Aunque sea la voluntad el motor de todo individuo, este asesorado por el espíritu -razón- elucubra cuál es la acción que mayor beneficio le proporcionará. Y aquí, las tendencias egoístas de unos se ven confrontadas con las de los otros, por lo que todos desde su guarida interior actuarán considerando que no están solos en el mundo y que los motivos externos están constituidos también por las acciones de los otros individuos, igual de egoístas que yo.

Este juego de voluntades, unas frente a las otras, genera la moral y en consecuencia una norma de actuación que minimice el daño de cada uno y aumente el de cada uno de los todos.

Negar ese egoísmo que por necesidad emana de nuestra voluntad, nuestra capacidad de desear y de satisfacer ese deseo cuanto antes, es tener una mirada nublada, que no desea ver lo que somos los humanos.

Así es el egoísmo lo que nos lleva a ser virtuosos, paradójicamente, si lo vemos desde una perspectiva imbuida de moral cristiana. Tal vez, que la moral tenga en cuenta las tendencias naturales es la manera más eficaz de que actuar moralmente se convierta en un deseo y no en una restricción impuesta desde afuera.

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