Memorias Exteriorizadas. Un viaje por los mares de la filosofía. Ricardo Espinoza Lolas (conversación con Andrés Anzaldi y Pablo Anzaldi)

No hay comentarios
De izquierda a derecha: Pablo Anzaldi, André Amzaldi y Ricardo Espinoza Lolas.

No es fácil reseñar en una obra de este tipo. En primer lugar, porque el mismo término de reseñar no se ajusta a lo que estoy en condiciones de hacer. Esto porque conozco personalmente a Ricardo Espinoza, parte de su vida y de su obra, y, además, porque también he disfrutado del lujo de escuchar y dialogar, aunque fuese a distancia, con un gigante como Pablo Anzaldi. A Andrés lo que descubierto en este libro, como otro grande del pensamiento junto a los anteriores.

Dicho esto, creo que voy a dar testimonio, más que informar del contenido del libro, sobre todo porque el núcleo es cómo se enhebran la vida y la obra de Ricardo Espinoza. Captar esto directamente, gracias al trato personal, me confiere un carácter testimonial de cómo Ricardo es un Nietzsche de nuestro tiempo, en muchos aspectos.

Sería un descuido imperdonable no mentar cómo conducen el diálogo Andrés y Pablo Anzaldi, ahondando y clarificando esa conversación que se desarrolló durante más de ocho -en dos sesiones de cuatro cada una-, tras las que imagino a los tres bebiendo y callados de exceso. Anotar, también, que el libro intenta mantener el carácter espontáneo de una conversación, y por lo tanto hay asuntos recurrentes que está poniendo de manifiesto quién es Ricardo Espinoza.

Parten de la vida de niño y adolescente de Ricardo en Playa Ancha -Valparaíso, Chile- envuelto de una pobreza in crescendo por la dictadura, una familia humilde, pero con una madre enamorada de los libros, y un niño inquieto, curioso, que leyó “Así habló Zaratustra” con quince años, gracias a que su padre se lo regaló. Este es para Ricardo el primer encuentro serio, por impactante, con la filosofía.

A partir de aquí, entran en su vida, es decir lee y necesita que esas lecturas se materialicen como experiencia, a Hegel, Zubiri, Lenin y se adentra en la mitología griega sobre todo en aquellos mitos que encumbran lo dionisiaco.

Durante la conversación Ricardo desmenuza qué le fascinó de Zubiri -sobre el que hizo la tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid-, cómo halla una conexión indudable entre el materialismo radical de éste con su lectura de Hegel, y cómo ya nunca los abandonará. Sin embargo, como él declara, Nietzsche siempre va con él para proporcionarle ligereza, fluidez y ese Dionisio bailarín, alegre y dicharachero -el mismo Ricardo-.

Rechaza lo que él denomina la ontologización de lo real como imposición que quiebra el dinamismo, que aleja el pensamiento de la posibilidad de ser abierto, con los otros y cambiante, ahincado en la materialidad sociohistórica.  Y por eso, navega en su barca con Hegel como el mejor filósofo de la historia y con Nietzsche, el mejor artista de la historia. Uno y otro le proporcionan el método para su trabajo conceptual, y la libertad de quien se siente viviendo al pensar, en ese horizonte nietzscheano en el que el deseo, la alegría y la fortaleza de reírse del dolor que implica existir, le permite escribir con música de Beethoven, e ir captado las conexiones entre su quehacer teórico y la realidad -cine, poetas, pintores, …-

A lo largo del libro y de manera dialéctica, en sentido hegeliano, se va mostrando la diversidad de libros escritos por Ricardo Espinoza, el porqué de cada libro y cómo respondía a su momento existencial. Sus diálogos y su relación con Slavoj Žižek. La escuela eslovena que éste creó y lo que les aproxima fuertemente y lo que con el cambio del pensamiento de cada uno -incluidos otros filósofos de la escuela eslovena- los va distanciando filosóficamente, nunca en lo personal. Del mismo modo revisa la herencia recibida de Lacan y del gran Sófocles, uno desde la clínica que puede hacerse actualmente -aquí hay matices que es mejor leer directamente- y el otro como el mayor escritor de la antigua Grecia, que mediante los mitos y en especial el personaje de Antígona, aparece eso que constituye lo nietzscheano-dionisiaco haciéndose presentes materialmente hoy. Dedica tiempo a Lenin por su revolución no fallida, a Ignacio Ellacuría como el gran discípulo de Zubiri que supo materializar su tarea filosófico-teológica, y por ello fue asesinado.

Y todo lo expuesto acompañado a referencias de su teoría sobre “la Barca del NosOtros”, como no podía ser de otra manera, ya que en esas barcas es en las que se puede materializar la emancipación y superar es escollo de que lo reflexionado se quede solo como teoría. Este es el gran proyecto de Ricardo Espinoza Lolas que va expandiendo mediante libros, artículos, cuentos, referencias al cine y al arte, porque las formas de manifestación de las barcas son diversas y dinámicas, como la barca en el mar de la Filosofía -de la cual muestra también una visión propia-.

Para acabar finaliza con un cuento: “El monstruo” una metáfora de su vida con el ingenio y la inspiración que le brindan su hija y su compañera. Es un auténtico tatuaje que va grabando en su carne mediante un handpoke, sombreándolo para darle auténtica profundidad; habrá que descubrir por qué «monstruo».

Mi testimonio, que no mi reseña, queda desvelado a lo largo de lo escrito, dando cuenta de esa pasión, dedicación y encarnación en su conferencias -a veces tremebunda, que arranca risas e inclusive carcajadas- que te arrastran hasta vivir con él ese delirio de ser, en algún sentido, una cierta reencarnación de un Nietzsche hegeliano.

Gracias por esta joya a los tres.

Para los interesados en adquirirlo.

https://www.cervantes.com/libro/9789871300587/memorias-exteriorizadas/

https://www.todostuslibros.com/libros/memorias-exteriorizadas-viaje-por-los-mares-filosofia_978-987-1300-58-7

Y en las grandes librerías o las plataformas digitales.

Deja un comentario