Propiedad privada y tecno-capitalismo.

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Podemos parecer cansinos reiterando nuestra preocupación por los acontecimientos que se irán sucediendo. No obstante, mi reconocimiento a los que no se cohíben ante la profusión de diagnósticos y, lo que es mejor, se atreven a mostrar posibles maneras de actuar para que el impacto sea menor en la diversidad de sociedades.

Los buenos diagnósticos no son fáciles, aunque proliferen como moscas; aún es más difícil construir, zafándose de la pasividad y religándose con los otros para conseguir hacer más habitables los barrios, las ciudades, …Y de lo más cercano a las estructuras que todo lo encorsetan, lo cual sería lo más parecido a un milagro.

Quienes, como Rousseau, e inclusive Cioran, creen que la materialización histórica es el mal de lo humano, en cuanto se inicia una vorágine que le impulsa a actuar, sin prever lo que puede desencadenar esta desaforada actitud por la que, entre otras consecuencias, apareció la propiedad privada[1] y la lucha de unos contra los otros. Mientras Hobbes y Locke creen que ese supuesto estado de naturaleza era la guerra de todos contra todos, por el contrario, Rousseau entiende que en ese hipotético estado el hombre vivía feliz, algo semejante al paraíso adánico del que parte Cioran. En definitiva, es esa idea metafísica de que antes de ser sociales todo funcionaba mejor, y que es la cultura, la vida en sociedad la que vuelve todo caótico.

No es necesario partir de ningún tipo de mito para poder elucubrar qué empieza a fallar en las comunidades humanas para que surjan conflictos, que, conforme más compleja se hace la sociedad por el desarrollo científico-tecnológico, sean aparentemente irresolubles.

Desde aquí, vamos a detenernos en reflexionar sobre qué comportó para los humanos la propiedad privada. Locke es el único de los contractualistas mencionados que cree que ésta es un derecho natural, no civil. Sin embargo, lejos de entrar en ese debate estéril, resulta relevante detectar que la propiedad privada fue, antes de que ni siquiera fuese tal cual, nombrada, en los orígenes debió marcar un antes y un después, si tenemos en cuenta que los homos sapiens se organizaban con una cierta división del trabajo en la que los que cazaban y los que recolectaban lo hacían para toda la comunidad.[2]

Parece, lo más consensuado con lo que sabemos actualmente, que fue la invención de la agricultura en zonas climáticas que favorecían la fertilidad de las tierras, lo que provocó que las comunidades se volvieran más sedentarias. Y es precisamente en este contexto en el que cabe imaginar que determinada comunidad familiar se asentara en un espacio que considerara suyo y lo defendiera de la voluntad de apropiación de otros.

Creada la propiedad privada, los conflictos emergen hasta que se debió consensuar algo parecido a: le pertenece a quien llega primero. Esta forma rudimentaria de propiedad privada empieza a erosionar los lazos sociales, priorizando los familiares, y socava la cooperación que existía cuando las comunidades eran nómadas.

La propiedad privada se convierte en un problema ya que los más capaces físicamente y los más hábiles cognitivamente presentan una ventaja sobre los menos dotados y pueden acumular tierras en detrimento de lo menos fuertes. Y aquí aparece el quid de la cuestión: ¿no podía limitarse la apropiación de propiedad privada cuando una familia o comunidad ya tenía para subsistir? ¿No hubieran sido nuestros ancestros más listos si hubiesen limitado el monto de propiedades?

El problema no es que un sujeto considere que una casa es suya, sino que éste tenga ocho casas y otros no tengan ninguna. Que la acumulación de bienes, por parte de unos pocos, se convierta en parte de la estructura social, constituye el rudimento del capitalismo. Empiezan a intercambiar productos, y el resto ya lo sabemos.

Es decir, si se hubiese limitado la apropiación de bienes para la subsistencia, las desigualdades hubiesen sido mínimas y no se hubiese estimulado esa condición egoísta que forma parte del ADN humano.

Obviamente, hemos querido poner el énfasis en la encrucijada que supuso la aparición de la propiedad privada como un eje clave del capitalismo posterior, sobre todo porque, como sabemos, lo que se acumula es capital para concentrar los recursos de la producción; y apropiados estos, solo resta explotar a quienes sin posesiones necesitan vender su capacidad de trabajo.

Esta rudimentaria descripción de lo que implica la acumulación de la riqueza en unas pocas manos, podemos extenderla a la actualidad y identificar las consecuencias que ha tenido. Las grandes tecnológicas son los grandes propietarios en alza porque no solo concentran los medios de producción, sino que van a poseer también la fuerza de trabajo, sustituyendo a los humanos por robots, IA y lo que se derive.

El capitalismo, en estas condiciones va a explotar de regocijo, ya que puede ser que estemos ante el desarrollo del momento más salvaje de esta estructura, que quedará modificada al poseer los más pudientes -multinacionales tecnológica- no solo los medios, sino la fuerza de trabajo que queda robotizada, sin demandas de condiciones laborales y pudiendo explotarla sin descanso. ¿Dónde quedarán los asalariados? ¿qué puestos de trabajo serán necesarios? Intuyo que los menos formados tecnológicamente tendrán menos posibilidades de subsistir, y que la brecha entre ricos y gran cantidad de pobres puede amenazarnos. Alguien dirá que la situación es semejante a la que se dio en la revolución industrial, sin embargo, creo que el calado de esta revolución tendrá consecuencias más nefastas a la larga, ya que acabará existiendo una sociedad organizada y al servicio de los ricos, y una exclusión social nunca vista.

Veremos qué panorama se nos presenta.


[1] https://www.portaloaca.com/historia/otroshistoria/breve-genealogia-de-la-propiedad-privada/

[2] https://www.nationalgeographic.com/pages/article/genographic

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