Victimización y éxito en el capitalismo.

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Hace días, visionando una película, hubo una sentencia que llamó mi atención, decía: “La mejor forma de triunfar en el capitalismo es ser una víctima”. Se quedó en mí revoloteando ya que intuía que algo había de verdad, pero no acababa de ajustarse a alguna circunstancia que percibiera como evidente.

Hasta que, me apercibí de que aquello que puede llevar a triunfar en el capitalismo es mostrarse o parecer una víctima, pero no serlo. El matiz es relevante. Si pensamos en víctimas del capitalismo, a parte de aprehender que todos los somos en alguna medida, identificaremos a los individuos que quedan excluidos o casi, que malviven, a los que llenándose de cosas nunca se llenan de nada, a los que se ven obligados a llevar un tipo de vida acelerada de la que querrían huir, …es decir, nadie que podamos considerar que ciertamente triunfa. Sin embargo, si es alguien que aparenta ser víctima o se muestra como tal, puede sacar buen partido y “triunfar”, según la perspectiva que sostiene que la fama, ser conocido o difundido por la diversidad de medios de comunicación que hay, es triunfar por el rédito que puede sacarse de esa victimización.

El hecho de que una supuesta víctima se convierta en foco de atención de medios y ciudadanos responde a la necesidad de externalizar ese rol en otros, para no reconocerlo como propio, y también a la morbosidad de presenciar a una víctima, compadecerse de ella sin que nos afecte realmente. De tal forma que una narrativa bien construida sobre la supuesta víctima cala en los otros y es requerida por todos los medios que de tanta difusión acaban por enaltecer la victimización. Así, aparece en muchos realities, que van engrosando la saca de la víctima, que puede acabar presentando otros programas, escribiendo un libro mediático o cediendo sus derechos sobre la historia a guionistas de plataformas audiovisuales.

En consecuencia, quien triunfa por ser víctima se convierte en objeto de consumo de quienes prefieren ver el drama de las vidas ajenas que de las propias. Ciertos personajes que ocupan franjas televisivas, al menos en España, han triunfado partiendo de su drama y, ahora, son conocidos “tertulianos” en diversos programas. Lo cual refrenda que hay parecer víctima o mostrarse así, se sea o no, para tener un determinado tipo de éxito en el capitalismo, por transformarse en un objeto de consumo que se va cotizando más y al que le surgen oportunidades que de no haber sido “víctima” no le saldrían.

Con todo el respeto a las auténticas víctimas.

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