La IA y los escrúpulos humanos.

No hay comentarios

La denominada Inteligencia Artificial (IA) está despertando controversias sobre la celeridad de su desarrollo -algo desnortado- y el posible mal uso que los humanos pueden hacer de esas máquinas potentísimas.

Por un lado, parece que los tecnólogos solo sean capaces de atisbar hasta dónde puede llegar el poder de la IA; por otro, algunas voces que han alertado del peligro lo han hecho basándose en esa tendencia de usar los avances siempre de la peor manera -que no excluye en parte un buen uso- sin escrúpulo alguno y atendiendo solo a los intereses particulares de los que tienen el poder económico y, por ende, sobre las nuevas herramientas que surgen.

La combinación de una tecnología impensable hace años solo en la ciencia ficción y el afán de poder y de lucro de los humanos resulta explosiva. Lo relevante es que las advertencias más serias y catastrofistas provienen de ingenieros que llevan años trabajando con la IA in situ, del propio creador de la IA, como herramienta a desarrollar, y en general de los que conociendo y habiendo usado IA, que aún no están a nuestro alcance, se han quedado aterrados de lo que pueden llegar a hacer, de lo que ya han hecho en ocasiones, y de la aceleración de su aprendizaje exponencial que le permite prescindir de la indicaciones de los humanos que las dirigen. No obstante, el riesgo también sería preocupante si se ciñeran -y tuviéramos garantía de ello- a las órdenes de los humanos. Por su cuenta las máquinas pueden convertirse en exterminadores de la humanidad, en manos de humanos en exterminadoras de una parte “sobrante” de individuos, según el criterio de quien la maneja, o de las órdenes que reciba de el Estado que sea.

La situación en la que nos encontramos no es nueva, solo estamos ante la presencia de artefactos con un poder que nos sorprende a nosotros mismos, aunque haya sido producto de nuestro hacer. Ya se utilizan drones inteligentes en la diversidad de guerras actuales -especialmente entre Ucrania y Rusia-, y esto significa que nosotros ya estamos usando la IA para matar a quien se nos antoja -justificar su uso en contiendas bélicas solo es el paso que nos acerca al abismo-.

Lo que debe mantenernos alerta es que sean las mismas tecnológicas -que se están forrando a nuestra costa- las que adviertan de los riesgos. ¿Por qué iban a querer detener el desarrollo de una invención que les ha permitido acumular una riqueza que nunca habrían imaginado? Podríamos, haciendo bandera del buenismo, creer que algunos aún tienen ciertos criterios y conciencia moral. Sin embargo, estas explicaciones simples nunca han sido demasiado veraces. Así que, sospecho que este impase forma parte de una estrategia: hacernos creer que se llegue a regular su uso para protegernos y, una vez relajados, lancen lo peor de lo peor sin que tengamos absolutamente ninguna conciencia de lo que está sucediendo. Esto, además, en un contexto en el que no hay normas ni principios que los estados respeten como compartidas y cada uno haga lo que considere, es un terreno muy fértil para llevarnos a la ingenua ilusión de que, en términos de IA, todos se han puesto de acuerdo. Bueno, todos menos Trump que obviamente está poniendo el grito en el cielo contra la desaceleración del desarrollo tecnológico porque tiene muchos intereses personales -los de EEUU no le han importado nunca-, y quizás no conoce un posible plan oculto que ahora exige sostener esta postura de preocupación y necesidad de regulación y en pocos años estaremos todos flipando de cómo nos han engañado.

Nadie está en contra de la IA si se utiliza en beneficio de todos los humanos: en medicina que también está dando resultados esperanzadores para curar enfermedades, y en otras disciplinas que puedan desarrollar mejor y más eficazmente su trabajo siempre en beneficio de la comunidad de humanos. Las suspicacias y reticencias responden a que sabemos que los humanos ante el dinero y el poder perdemos cualquier criterio que no sea nuestro propio beneficio, esa ha sido la gran perversión que nos ha perseguido y que sigue persiguiéndonos.

Es importante estar atentos a cómo van evolucionando estas peticiones de regulación, ser inquisitivos en la letra pequeña y críticos ante cualquier acción que se pretenda justificar por su bondad, a sabiendas que costará miles de millones a la multinacionales tecnológicas.

Deja un comentario