“En ocasiones, las tempestades provocan que aquel cansancio hacia el que los mil acontecimientos que estaban implicados, unos con otros, formando una maraña ante mí, más allá de la forma, se ordenaran en una serie. Eso posibilita la comprensión de lo que acontece, que es al fin y al cabo lo relevante. A pesar de esa supuesta aprehensión, sentí una pesada carga sobre la espalda y aunque el sentimiento de culpa, en una situación así, puede parecer absurdo, es inevitable. Una persona como yo está condenada. Nada de lo que haga estará a la altura de mi maldito ideal. Mi responsabilidad no conoce límites porque no me resigno al sufrimiento del prójimo. Pero aceptar, es el secreto de los límites. Asumir que no somos omnipotentes y que no todo lo deseado es realizable, es la única vía que nos resta para no desesperarnos ni denigrarnos, como si en lugar de incapaces fuésemos malvados.”
Ana de Lacalle. Existo, para vivir. Ed. Terra Ignota. Barcelona. 2020. Pg. 149
