Elecciones anticipadas en España. 2026

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El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha convocado hace apenas una hora, elecciones generales. Ese clamor que era un mantra en la derecha y la ultraderecha desde el inicio mismo de la legislatura. Sin embargo, no ha sido una concesión sino la voluntad de aprovechar la explosión social por las enormes dificultades de los ciudadanos de acceder a una vivienda, después de que el Congreso de los diputados rechazara dos decretos ley para paliar la situación, que ni mucho menos para erradicarla. Gracias a la negativa del PP, Vox y Junts -la derecha independentista catalana, heredera de Pujol, que sirve a los intereses de la burguesía desde siempre-, los desahucios, los contratos temporales, el alto precio de la vivienda de compra o alquiler -desfasado de manera escandalosa en relación a los sueldos- seguirán siendo la situación imperante porque los que tienen intereses inmobiliarios, los que tienen el dinero y el poder, nunca van a permitir que esto se pueda remediar de una manera más justa. Son las condiciones estructurales del capitalismo y eso no se va a revertir ni con dos decretos ley. Tampoco hay que olvidar que la denominada «crisis de Ceuta» no parece estar solucionándose. Las acciones son lentas y parece haber más mierda debajo de la alfombra que polvo por encima, o lo que es lo mismo, no sabemos qué ha sucedido realmente, no se nos cuenta y así, es difícil entender la tardanza en una solución satisfactoria para todos.

Ante estas nuevas elecciones, la izquierda -que son los que se consideran bajo ese significante hoy ya muy difuso- vuelven a fallar a su electorado. El intento que hizo Gabriel Rufián de aunar bajo un mismo paraguas a todas las fuerzas por minoritarias que fueran, se topó con la negativa de su propio partido y de los otros dos, Podemos y Sumar. Esa hubiese sido una estrategia que podía haber dado resultado para evitar que la derecha junto a la ultraderecha se hiciera con el gobierno. Ahora, yendo cada uno por su lado, aunque se unan Podemos y Sumar, no va a haber fuerza suficiente para evitar esa vuelta a políticas que ya conocemos, poco sensibles a las necesidades sociales, y serviles a Bancos, grandes empresas y a sus propios intereses. Que no se malinterprete, hago referencia a los principios liberales que inspiran sus políticas, y eso no excluye que la izquierda esté podrida en muchos sentidos y de la derecha la historia reciente -el gobierno de M. Rajoy- es una evidencia.

Al final ¿Qué? Una sociedad que grita para ser escuchada y atendida y una élite política que utiliza la democracia a su antojo. Está claro que la democracia agoniza, en un estado de supuesto derecho cuya división de poderes es inexistente. Y los que en última instancia padecen esto son los ciudadanos que atónitos, incrédulos y desencantados ven cómo no importan, no son ninguna prioridad y sí la base amorfa sobre la que la democracia se desmorona en favor del sistema económico capitalista que es quien establece e impone las condiciones de facto y quien modula el quehacer de los gobiernos.

Solo nos queda optar por un voto por convicción -difícil de encontrar en el abanico de la izquierda- o por un voto estratégico, aunque estemos ya hartos de votar en contra de Y, en lugar de a favor de X.

En España la herida de las políticas de derechas no se ha curado, aunque algunos jóvenes militen en estos partidos, careciendo de posible memoria y manipulados por los que sí se postulan por convicción. Será difícil que no veamos implantarse la tendencia mundial hacia los extremos más conservadores, porque somos raros, pero no tanto.

Acabo con la intervención de Rufián en el Congreso; es un placer oír a alguien desempolvando mentiras y mostrando los intereses individuales de muchos.

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