Hay quien ya se apresura a comparar el movimiento, acampadas en plazas y manifestaciones contra los desahucios y el derecho a la vivienda con lo que significó el 15M en España[1].
Salvando las distancias, el 15M surgió por una necesidad de cambios estructurales que impone el capitalismo, que obviamente no se consiguió. Era una demanda más profunda y general -aunque también estaba incluida la vivienda-. Las protestas y acampadas actuales, por el momento, tienen un objetivo concreto: prohibir los desahucios y topar la especulación con la vivienda. Claro está que exigir este cambio implica regular un sistema para evitar que nadie se lucre a costa de un bien básico, sin embargo, al ser específico tiene más posibilidades de alcanzar en parte sus objetivos que el 15M que aspiraba a ser una revolución, de raíz.
También puede ser leída esta revuelta como el punto de partida de protestas que se extiendan al modus vivendi del sistema y, por ende, a una reivindicación más global de cambio radical. Sin embargo, ahora interviene un nuevo elemento que no hay que menospreciar para nada, que es la Inteligencia Artificial. En el año 2011 la presencia en la vida cotidiana de esta nueva tecnología era nula. Hoy, no solo está presente en la cotidianidad de muchos y al alcance de todos -en parte- sino que su veloz desarrollo augura un cambio sustancial en las formas de trabajo del que no podemos aún pensar con cierta veracidad qué comportará en su momento. Y, lo cierto es, que por mucho que se compensen ahora los alquileres -cosa que dudo- y se prohíban desahucios, bien harán falta ingresos para afrontar esos gastos, aunque sean más justos. ¿Cuánto disminuirán los puestos de trabajo? ¿Qué pasará con los desocupados que no tengan acceso a ningún trabajo por estar realizado en parte por IA?
Nos encontramos en un contexto económicamente crítico para la mayoría de la población, con la riqueza más concentrada en manos de unos pocos, la brecha entre coste de la vida -vivienda y alimentación, gasolina[2]– y los salarios son para desaparecer o tomárselo a risa. A esta situación, hay que incorporar la repercusión que va teniendo la acelerada incorporación de la IA. De hecho, la aparición de internet ya supuso cambios sustanciales en algunos procesos de trabajo, y disminución de plantillas. La revolución que viene desde arriba, quizás las más cruciales las llevan a cabo los que poseen los productos del desarrollo científico-tecnológico, puede ser de dimensiones insospechadas y, entonces nuestros problemas no serán solo la vivienda y los salarios –“solo” es un decir, para no entrar en sanidad, educación…- sino la posibilidad misma de poder trabajar para una parte significativa de la población.
Es fácil acceder a literatura actual que aborde los riesgos y perjuicios de la IA, estamos en un momento de prospecciones, valdría la pena que la sociedad, que no se sabe muy bien quién es, se supone que los partidos que nos representan, pero creer que ellos van a hacer algo que no sea mirar la inmediatez es de absolutos ingenuos.
Retomando la cuestión inicial, no creo que por el momento puedan establecerse paralelismos entre las movilizaciones por la dificultad de acceder a la vivienda con el 15M, más allá de la performance. Y menos aún hablar de los indignados como si los individuos fueran los mismos, como si fuese una condición de ser, que casi se transmite de generación en generación. Hay personas mayores que están ahora y estuvieron, pero la gran masa es de personas de mediana edad y sobre todo muchos jóvenes que quizás emulan lo que vieron de niños. El tiempo dirá.
[1] https://elpais.com/espana/2026-10-01/los-indignados-del-15-m-vuelven-a-sol-para-protestar-por-el-derecho-a-la-vivienda.html
[2] El coste de la vivienda provoca que la población recurra a buscarla en la periferia, por lo que el coche deja de ser un capricho para convertirse en el único medio de transporte que lleva a un individuo a su lugar de trabajo. Las zonas bien comunicadas por el transporte público ya están repletas y los precios de escándalo. El recurso es irse a pueblos más pequeños y mal comunicados.
