Era sorprendente, ciertamente, que con las condiciones de supervivencia a las que se ha llegado en Europa, y en otros países latinoamericanos y asiáticos, no hubiera habido ya una explosión social como la que estamos presenciando. La insostenible dificultad de acceder a una vivienda en relación con los salarios ha sido la punta del iceberg que ha colmado la desidia y desmovilización de la ciudadanía.
Europa, en particular, está diciendo un adiós agonizante al denominado Estado del Bienestar, que se ve sacudido definitivamente por la derecha y la ultraderecha, en un contexto en el que los gastos militares y la crisis energética entre otras, supera la voluntad de los que defendían ese Estado Social, en cualquier circunstancia. Lo que no parecen entender algunos ciudadanos es que si suben al poder los partidos de derechas -sean ultras o no- la coyuntura nos va a convidar al entierro definitivo de ese Estado del bienestar que surgió poco a poco tras la II guerra mundial.
Los momentos en los que los ciudadanos salen a las calles, las toman y esto se produce de forma masiva y contagiosa, indican que la capacidad de resistir a la situación en la que se encuentran ha tocado techo. Ya no es solo la vivienda, aunque sea el motivo o la espita que prende el fuego, si no el coste alimentario, los bajos sueldos y un cúmulo de agravios que llevan a un 34% de la población que trabaja a la pobreza, en España. El liberalismo clásico estaba convencido de que quien trabajaba tenía un salario para vivir. Los pobres eran los que al no tener ocupación no tenían medios de subsistencia -aquí se añadían una serie de calificativos morales despreciativos-. Sin embargo, el desarrollo del capitalismo financiero en la era de la revolución digital ha demostrado que se puede trabajar sin parar y seguir siendo pobre. Lo relevante para poder vivir ya no es si tienes trabajo o no, sino en qué sector trabajas y cómo contribuyes con él al mejor desarrollo del capitalismo. Hay trabajos necesarios que son menospreciados y mal pagados como si pudiésemos prescindir de ellos. Por otro lado, cuanto se relaciona con el desarrollo de la tecnología en cualquier ámbito y su posterior aplicación inteligente se valora y cotiza mucho más en el mercado laboral.
El diario El País publicaba:
La pobreza es una situación connatural al capitalismo. Su funcionamiento produce lo que hasta ahora se ha denominado paro estructural. El problema ya no es el paro, solamente, sino los trabajos infravalorados; señal de que el sistema se ha vuelto más escrupuloso y quien merece vivir en la pobreza no es tan solo el que no aporta nada con su fuerza de trabajo, sino el que no aporta un valor determinado y contribuye a la rápida implantación de la tecnología IA.
Este nudo, difícil de deshacer, es el que ha propiciado revueltas en muchos países de Europa, en algunos casos con violencia por parte de los manifestantes o de infiltrados que aprovechan la situación, y en casi todos con violencia por parte de las fuerzas policiales que reprimen el clamor del pueblo demandando más justicia social, no en abstracto, sino particularizada en vivienda, sueldos, condiciones de trabajo.
Estamos ante la mayor crisis del sector público que se va encogiendo cada vez más y ofrece menos y peores servicios, generando la búsqueda por parte de los ciudadanos en el sector privado. La sanidad, la educación, servicios sociales, transportes públicos son los que más afectan la cotidianidad de la vida ciudadana. Si las tecnologías debían contribuir a un mejor servicio, se han convertido en un aumento sin sentido de la burocratización, que a veces se duplica, otras no llegan y en muchas el silencio administrativo no es garantía de nada. Las gestiones con la administración pública son una odisea estresante que deja a sectores de la población fuera, los de mayor edad y los de menor formación. Y ¿se ha mejorado la atención al ciudadano? No. Para todo hay que pedir cita previa, considerando que puede ser de aquí a dos meses en otra población, no en tu ciudad. Acceder a las oficinas de la Seguridad social o a las oficinas de empleo es toda una heroicidad. Seguramente no se ha sabido implementar bien una herramienta que debería agilizar los trámites. Supongo.
En estas circunstancias, los gritos, las proclamas y las demandas de los jóvenes, adultos y más mayores reverbera por todo el país, esperando que la huelga general del 11 de noviembre sea un éxito, que anime a todos a no desmovilizarse, a seguir luchando y a llevar la tensión al límite para que los que tienen que reaccionar primero, y luego actuar lo hagan.
En España hay una prueba de fuego antes de las elecciones del 29 de noviembre, la huelga general del 11 de noviembre tomará el pulso al gran cabreo de los que no pueden a penas subsistir y de los que solidariamente se sumarán, sabiendo que hoy son unos y mañana podemos ser otros los desahuciados de la sociedad, no solo de la vivienda.
