Soledades.

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Imagen: Con Nuestras Manos – Cuadros https://www.facebook.com/connuestrasmanoscuadros

Hay soledades que no son deseadas, obvio. Sin embargo, en algún momento de nuestra existencia, o siempre en algún momento, hay soledades que, aunque no se deseen, por miedo, temor o pánico a lo que uno es capaz de sostener son necesarias.

Imaginemos un sujeto que no puede vérselas solo consigo mismo, porque se siente atenazado, inseguro y fantasea con esa soledad momentánea como si fuese su situación vital, es decir como si ahora estoy solo, es que estoy totalmente solo siempre.

Tras este pánico debe haber experiencias aterradoras de soledad que eran en el fondo de abandono. Si un niño se siente solo porque nadie se hace emocionalmente cargo de él, no percibe que sea valioso, que merezca la pena estar con él o que es lógico que nadie quiera estarlo, siente un abandono absoluto que quizás de adulto lo asociará con soledad. Y claro que ahí al ser abandonado hubo una experiencia negativa de la soledad, pero como sujetos debemos asumir que la soledad en la que nos podemos encontrar hoy no es la que sufrimos de niños.

Digamos que sin soledad el sujeto no se constituye como tal, porque padece una especie de fobia o rechazo contra sí mismo. Solo en la soledad podemos atisbar nuestros peores sentimientos, nuestros miedos, pero también las fortalezas que nos han permitido llegar a donde estamos. Ese estar solo es verse en el espejo sin máscara alguna para poder gestionar de manera beneficiosa nuestras carencias, hacerlas patentes, y nuestras habilidades ya aprendidas, que aún seguimos perfilando de la forma más ajustada. Por ejemplo, aquellos que se sienten acompañados por un libro, no acostumbran a temer la soledad, ya que sin ella no habría lectura, y sin lectura nuestro mundo interior se achicaría un poco más; lo que a su vez podría revertir en menos capacidad de socializar, menor amplitud de miras y perspectivas.

Saborear la soledad no es ser antisocial, sino estar con uno mismo para poder estrechar lazos con otros, sabiendo qué podemos ofrecer y de qué carecemos para que esos vínculos nos aporten a todos más profundidad individual y, por ende, colectiva.

Quiero ser capaz de estar sola, encontrarlo nutritivo, no una simple espera.

Susan Sontag (1933-2004) Novelista y ensayista estadounidense.

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