De lo posible, luchemos por lo mejor y revolucionemos lo dado.
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Los desahucios, que siguen en auge, son expulsiones ejemplarizantes del circuito social, denigrando a los marginados a una vida de perros.
El trato que otorgamos a los otros desvela nuestro lugar en el mundo.
Quien genera un infierno alrededor de sus hijos es el ángel fallido Lucifer, capaz de lo más atroz para saciar un odio irreparable.
Ante la tragedia, la irónica elevación de lo dramático genera la posibilidad de codearse con lo inconcebible.
Entre perder, y encontrarse perdido -curiosa paradoja- la diferencia es de acción y sinsentido –hallarse cuando el quid es no hallarse-
Si quien te quiere te hará llorar, deberíamos optar por la indiferencia infinita. Luego están los que no te quieren.
Permanecer sin motivo, es entregarse a la inercia.
Aquel que detiene el tiempo y desocupa el espacio habitual, para vivirse en un breve paréntesis desconocido, no siempre huye, acaso hurga y se inquiere como nunca.
Del deseo cotidianamente frustrado nace una tristeza crónica, porque los anhelos no se eligen.