Lo posible incluye lo certero, así como lo imprevisible más beneficioso a veces que lo certero. Es el dilema del riesgo: susto o muerte.
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Hundirse en un piélago de dudas impide identificar la Duda.
Si alguien insensible no desea ser de tal neutralidad y opacidad emocional, es que en algún grado ha dejado de ser quien era para renacerse.
Decir, no real-iza lo dicho, no le hace ser.
Morir de éxito, debe ser como dejarte vivir.
No hay exceso en la indagación humana, es casi un imperativo natural. El exceso se halla siempre en el defecto o la falta, es decir, en la ignorancia.
No es mérito alguno preguntarse por la historia que aún nos queda por escribir y augurar un estrecho margen por el que parece que pueden derivar, principalmente, los acontecimientos. Como ya advirtió Yeats[1]: “(…) después de nuestros versos Después de todo nuestro tenue color Y nuestro ritmo nervioso… ¿Qué más es
Parpadear la realidad dosifica la mirada.
La osadía de vivir es discreta, el hábito se jacta de no serlo.
Quien no miente, nunca dice la verdad