La casa materna siempre estuvo en ruinas. Funcionó como un útero eficaz para hacer posible la vida, pero desde el momento en el que los recién nacidos vieron la luz, todo se volvió oscuridad, una espesa niebla irrespirable en la que los bebés aprendieron a sobrevivir. Una madre con cuerpo, pero ausente. Ensimismada en su
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El silencio nocturno musita las ausencias de los que ha seducido el sueño. Así, quien en vigilia siente ese susurro se siente protegido de mirada alguna, presente entre la ausencia que dormita, sosegado y seguro para ser quien es sin tapujos, ni consideraciones ajenas. Acaso los insomnes sean zombis escudriñando su cobijo en el mundo.
