Solo queda la muerte para el martirizador cuando no hay perdón posible. ¡No asesinato! Que desplazaría el pecado a la víctima como culpa estéril. Sino que se ajusticie naturalmente, agotando la existencia de quien no deja vivir, para que otros reparen finalmente su dolor.
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Añadir años a la vida, con plena consciencia de lo acontecido, es una efeméride en la que festejar la resultante, o bien un episodio para seguir ávidos hasta el final. Nunca está de más felicitar la ocasión.
Todo cuanto nos rodea se disgrega acompasando la descomposición interior. El hábito se contornea y deja de ser costumbre, queda pues la improvisación desnortada que evita la parálisis. No se da reconocimiento alguno, puesto que se difuminó lo conocido, y nada parece ser como antaño. Sondeamos, palpando mano a mano, rastros de paredes y terrenos,
“Papatica”, como cariñosamente le llamaba su padre, sintió su respiración alterada definitivamente por la muerte, cuando empezaba a asomarse a la vida. A partir de ese instante, en que su madre se transformó en una ausencia inexplicable, Katie se aferra a su padre como una sombra. Jake Davis, un reputado escritor que tras el accidente
Expuesto en el exterior de un escaparate como la hiriente paradoja, entre los harapos cubiertos por un sobretodo negro, extraído de un contenedor de basura, sentía el vello erizado y la piel trémula. Sabía que la vida se le había ido antes de morir, y era tan pobre que no esperaba absolutamente Nada
A medida que transcurren los años una se afana por intentar dejar a sus hijos en herencia el secreto de la vida y de la muerte. Ni pisos, ni depósitos rentables, ni ahorros considerables en una cuenta bancaria ¿Para qué? Esos bienes materiales solo nos tientan cuando tenemos accesos crematísticos por estimulaciones capitalistas; pero, después
¿Quién posee la virtud de perdonar desde el pálpito agitado de sus venas? Aun haciéndonos el hábito de dar, generosos, la clemencia relevante no brota de la costumbre ni la cotidianidad. Al ser relevante y excepcional requiere de una excelencia poco humana. ¡Malditos los que hieren de muerte! porque no nos resta vindicación alternativa al
Hay percepciones de la existencia que se sitúan al final de la misma. Otras, por el contrario, lo hacen al principio, y una tercera lo haría desde una perspectiva que abarcaría el proceso desde su inicio hasta el final. Sería útil bautizar cada una de ellas, pero teniendo en cuenta que me encuentro en una
¿Cómo echar renuevos de un alma envejecida que custodia en un fardo todo desagravio? No hay posibilidad de continuar danzando sin música, de igual forma no se puede vivir sobre las heridas transformadas en podredumbre.
¡Qué silencio se siente esta madrugada! No hay murmullos casi inaudibles de esos que confunden y dan lugar a la sospecha, a la suspicacia de creernos rodeados de seres sufrientes. Hay una ventisca de paz que atraviesa suavemente toda la oscuridad. Por una noche cesaron los gemidos y el llanto quebrado, no había sonido alguno