Parodia de una sociedad de pena

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Un mundo en el que millones de personas viven el terror de no saber en qué momento les alcanzará la muerte fruto de un proyectil, una bomba, la escasez de agua, de víveres. Un mundo en que la pobreza estructural amplía su espacio y acoge a individuos que incluso trabajan por sueldos indignantes o en situaciones de esclavitud. Un mundo que tiende a jerarquizarse cada vez más en dos únicas y grandes clases –como en tiempos añejos- los ricos y los pobres. En el que globalizar significa acaparar la riqueza, los ricos del planeta y cronificar la pobreza a nivel mundial entre la mayor parte de la población. Eso sí, protegiendo un grupo suficiente cuyo consumo permita perpetuar el sistema, en cualquier lugar.

Un mundo así, es como un gran sistema penitenciario donde los vigilantes son los ricos –simplificando- y los presos el resto de la población. Estos viven en grandes jaulas pero, gracias a los mecanismos sofisticados de los que se han provisto los vigilantes, se tornan invisibles. Creen, pues, vivir en libertad, aunque hayan experimentado el calambrazo al rozar el límite electrificado de las jaulas ni se les ha ocurrido que lo que sentían era una descarga eléctrica. La parodia se sostiene con la colaboración de los medios de comunicación que verifican esa ficción. Así, luchan por sobrevivir con la convicción de que pueden mejorar, eso les mantiene dentro del sistema sin rebelarse.

Un mundo así, es una farsa. Evidentemente. ¿No es el nuestro una fábula parecida?

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