Etiquetas

 

La tradición cristiana, ahora también laica, de utilizar a los Reyes Magos de Oriente, que se dice acudieron a adorar y portar regalos a Jesús, como figuras todopoderosas que conceden deseos en relación a la bondad o maldad de los niños, tiene una función simbólica generadora de esperanza y aspiración moral. Años atrás solía recurrirse a la expresión “¡Cómo te vean los reyes!” como una amenaza para reconducir el comportamiento obstinado de los pequeños. Simultáneamente, la experiencia de pedir con empeño algo que para los infantes resultaba ser maravilloso, aguardar impacientes hasta la fecha en que los reyes efectuaban sus reparto y comprobar que sus deseos se hacían realidad, constituía un bagaje vital importante porque sembraba la convicción de que la esperanza puede dar sus frutos, más aún si hemos intentado hacer lo posible –en su caso era portarse bien-

No obstante, esta tradición es una moneda de doble cara porque si los Magos conceden deseos a los que se lo merecen, ¿qué pasa con los que nunca reciben sus regalos? Nosotros sabemos que, en realidad, los regalos los reciben aquellos cuyas familias tienen mayor poder adquisitivo y que son las familias sin recursos los que deben sufrir año tras años el desgarro interior de no poder conceder a sus hijos aquello que anhelan. Por lo tanto, Los Reyes Magos convierten la pobreza en un designio divino, creando una confusión culpante en la mente infantil. Los marginados parecen ser los expulsados eternos, aquellos que no merecen ni la mirada mágica de unos Reyes buenos.

De esta desigualdad y desequilibrio los niños se aperciben pronto. Observan que hay niños tan agraciados que hasta los Reyes son excesivamente generosos con ellos, mientras que precisamente a los que viven apurados o en la miseria los Reyes los ningunean, no usan su magia para compensarlos o rescatarlos de ahí, sino que actúan para hacer más evidente su pobreza. El sentido de la justicia empieza a aflorar en estos niños como una herida que va agrietándose, junto a la sospecha vital, esa que ya no les abandonará nunca.

Mientras que, en unos germina una flor en otros la semilla del rencor generalizado. El Mito de los Reyes Magos es clasista, contiene en sí valores como el de la caridad solapándose al de justicia, porque no son milagros los que deben resolver los problemas de las desigualdades sociales, sino un Estado justo que priorice un bienestar mínimo a los ciudadanos –que no significa recibir subsidios, sino que se cumplan su derecho al trabajo con una remuneración digna, a la vivienda, a la sanidad, a la educación).

Otro año  que no haré carta a los Reyes Magos.