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Coger un taxi en Barcelona y sentirte embaucada por una conversación nada habitual, en la que “el taxista aburrido”-como él se autodenomina- se desliza de manera natural por las contradicciones evolutivas de la naturaleza humana, para acabar sentenciando que el hombre no pertenece a la naturaleza externa que habita, se halla desarraigado y que cuándo alguien se pregunta ¿dónde están los extraterrestres? Él se asombra respondiendo, ¿pero aún no os distéis cuenta que los extraterrestres somos nosotros?

Tras este discurso, me mira nuevamente por el retrovisor y se disculpa: perdón si hablo demasiado. A lo que respondo ¡no, tranquilo! Es que la gente me toma por loco y quizás lo esté, pero mire yo creo que hay dos tipos de personas las que viven y se preguntan el cómo y las que no podemos de dejar de preguntarnos el porqué, y mi naturaleza no me permite vivir de otro modo. Por curiosidad le pregunto, ¿tú has leído algo de filosofía? A lo que contesta humilde, no yo todo esto lo extraigo de la historia que leo mucha, solo soy un taxista aburrido. Digo sí, que indaga filosóficamente a través de la historia sobre la condición humana y posee la conciencia de quien ha asumido ciertas intuiciones sobre lo que es, y no puede ya vivir de otro modo.

Toda una lección, amigo taxista, por su discurso que seguramente he sintetizado de forma excesivamente breve e imprecisa. Y por querer seguir siendo taxista para poder continuar pensando.