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El desgaste que empieza a manifestarse en la estructura ósea no es más que la evidencia física del deterioro y cansancio mental que se inició previamente. Por suerte esta coexistencia temporal legitima el lamento nada aceptado, ni entendido del desmantelamiento mental del que el sujeto alertaba.

Ahora que hay huecos atrofiados, tendones calcificados y artrosis que dificultan la movilidad, acaso se pueda dar crédito a los desgastes mentales que son igual de perturbadores.