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Tras un encuentro fugaz con un anestesista en el quirófano, que se ausenta porque le suena el móvil y se desvanece su nombre, porque ya no me anestesia, según debe marcar el protocolo y la ética profesional, me siento de nuevo ante el portátil, con solo una mano; y una experiencia tortuosa, que linda con alucinación, cuando sentía un dolor inexpresable y al médico diciéndome: no te muevas, mientras habiendo perdido la capacidad del decir solo me lamentaba y gritaba, a la vez que pensaba ¡no puede ser que me estén operando!

Ahora solo espero la visita con el médico, será también con la anestesia insuficiente o mal puesta.