Etiquetas

, , , , ,

Obviamente, decir que Dios es –en sintonía con el aforismo anterior- no otorga ninguna realidad objetiva a Dios. El lenguaje como corpus simbólico representa, y de alguna manera amolda, lo real desde la perspectiva del sujeto que dice. Pero no puede, de ninguna manera proporcionar entidad ontológica a algo por el hecho de mencionarlo.

Esto que planteado así parece un simplismo, no lo es de hecho si nos planteamos ¿cómo podemos disponer de lenguaje para hablar de lo que no tiene ni existencia, ni realidad?

Si, atendiendo a las teorías evolucionistas, el lenguaje apareció y se desarrolló en los humanos como una ventaja que mejoró su adaptación al entorno y su supervivencia, pasando a formar parte de su patrimonio genético, es razonable pensar que en sus inicios fue una herramienta muy rudimentaria; de esta forma debió fundamentarse en lo que constituía el mundo próximo y sensible de los humanos hasta que su complejidad le permitió hacer abstracción de lo que percibía directamente para referirse a conceptos o ideas no sensibles. Ahora bien, se entiende que derivadas del conocimiento sensible o bien de la imaginación –pero de estas últimas ideas nadie pretende discutir su falsedad-

Volviendo por tanto a la cuestión inicial, debemos reconocer que utilizamos muchos términos, que no se atienen a este cedazo de su origen sensitivo –aquí Hume fue el gran maestro- con la ignorancia de no saberlos claramente discutibles: yo, mente, libertad, realidad,…

Por ello no es superfluo plantearse de dónde ha fluido en el cerebro humano toda idea que sin tener un origen sensible utilizamos, dando su realidad por supuesta, y qué nos lleva a la creencia en ellas sino damos con ninguna forma de demostración.