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La huelga general convocada por los estudiantes universitarios como protesta por la anulación del referéndum de autodeterminación de Catalunya del 1-O, es legítima. Como también lo es la opción de los que no la secundan, por diversas razones, y deciden asistir a clase. El derecho a decidir incluye un amplio espectro de situaciones que no debemos obviar.

La democracia como libertad y pluralidad auténticas se manifiesta siempre de forma heterodoxa. Lo raro y sospechoso sería que la diversidad de individuos que conforman un pueblo democráticamente gobernado pensara y actuara con una ortodoxia homogénea e inquebrantable.

Por esto, y apelando al espíritu democrático que estos días se ha defendido con tanto ahínco en Catalunya, realizo un llamamiento al respeto y la tolerancia de los estudiantes que son el futuro de este país que se ve capacitado democráticamente para decidir su futuro.

En esta línea, querría recordar que la presencia de piquetes cuya función era en su origen informar, está hoy obsoleta, puesto que en la era de la información y dadas las circunstancias de los acontecimientos que vivimos, nadie necesita a estas alturas más aclaraciones. En consecuencia, libres de esos piquetes que pretenden obstruir y conculcar el derecho a decidir de algunos, dejemos  las puertas abiertas sin miedo, porque solo se adentrará el que lo desee; y seguro que los que por convicción decidan hacer huelga y manifestar su descontento no se encontrarán a nadie que contra su voluntad intentará que entren en las clases y permanezcan allí. Tengamos todos el derecho a decidir si secundamos la huelga en paz, con un tono festivo como el que caracteriza a los catalanes –aspecto reiterado por la presidenta del Parlament y TV3 hasta la saciedad- y dando un ejemplo intachable de democracia. Así sea.