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El mal es una banalidad –expresión arendtiana- si atendemos a la inconsciencia del que efectúa actos malvados, nunca a la ignorancia. Si nuestra época está llena de frivolidad en diversos aspectos es, precisamente, por esa falta de consciencia y responsabilidad de las auténticas consecuencias que tienen nuestras acciones. Y deseo destacar que inconsciencia e ignorancia no son sinónimos ni por tanto intercambiables. La inconsciencia se produce por la falta de voluntad y de autoexigencia de saber qué hago; la ignorancia por la carencia involuntaria de saber.

De tal forma que la inconsciencia e irresponsabilidad que rige nuestra época, es resultado de haber vaciado nuestra voluntad de todo menos de la acción misma, que reporta satisfacción. Esto no exime nunca del mal proferido.