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Entendiendo que la vida de las personas es el derecho básico a defender por parte de un Estado, y que la escabechina de ETA no sirvió para quebrar esa sagrada unidad de España, me cuestionó ¿Qué aspira a obtener Catalunya? Porque aunque debiéramos reconocer que la vía pacífica merece un reconocimiento mayor que la lucha armada, lo cierto es que cuando está en juego la vida de inocentes no creo que podamos apellar a principio superior que impida acuerdo alguno. Claro está que la coyunta ha variado y que llevar este argumento al extremo incitaría a Catalunya a provocar la aplicación del artículo 115, con una masiva revuelta en las calles. Eso sí, siendo ahora víctimas, que no terroristas, de la supuesta violencia del Estado.

Hasta el momento, parece un acto más provocador saltarse las leyes y situarse fuera del orden constitucional que ejecutar inocentes. Seguramente porque es una vía directa hacia la proclamación de la independencia. Lo cual verifica que al Estado le preocupa más mantener bajo su poder a todos los territorios que tutela que proteger la vida de los ciudadanos.

Seguramente, y lo desconozco, en la propia Constitución el orden de prioridades debe ser este. No obstante, reitero mi disconformidad con el hecho de que no se refleje en el pacto social básico que uno de los principios fundamentales es que el Estado garantice la paz y por ende la vida de los ciudadanos. Fue la preocupación primigenia que hizo al hombre renunciar al estado de naturaleza y llegar al pacto social.