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A los que vivimos en Catalunya, al menos a algunos, nos supuran los oídos de los vómitos ignorantes de los opinantes externos que, sin auténtico conocimiento del panorama con una amplia perspectiva, no solo caen a cuatro patas sobre un relato u otro, sino que osan juzgar lo que los catalanes con diversidad de ideas deberíamos hacer y no hacemos. Es algo así, como mirar una partida de ajedrez, sin saber jugar, y que te digan la pieza que debes mover.

Nadie de fuera, sabe lo que es vivir aquí. Sólo se aceptan propuestas de solución viables, no juicios sumarísimos.