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Los enfermos crónicos, discapacitados, ancianos –e incluso en ocasiones los niños si no fueran vistos como una inversión- son de facto, una lacra social, que ningún gobierno reconocerá por ser políticamente incorrecto. Pero, observando el darwinismo social que de forma más salvaje se aplica en nombre del neocapitalismo: menos impuestos sobre todo para los que más tienen que pagan mucho, competencia atroz a base de mano de obra barata, disminución de sueldos incluso de los más cualificados,… no se detecta ninguna política orientada a la protección de la población dependiente porque las arcas del Estado tienden, y Europa va por ese camino, a vaciarse de responsabilidades que debe procurarse cada individuo con su trabajo o el de sus familiares. Paradoja: en una época donde habrá menos trabajo y peor pagado.

Es evidente pues, ese darwinismo social del que hablaba: la supervivencia del más fuerte, que en nuestra sociedad es el que tiene mayor poder económico.