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Puesto que la existencia es  un hecho, la agonía deviene en el intento de ser, es decir en lo propio y no gestado aun, que depende de nuestra voluntad y querer, aunque limitado por las determinaciones contextuales.  Aceptando que no podemos substraer el ser de la existencia, la cuestión sobre el suicidio se centra en la eliminación de ésta última. Y no porque sea ella motivo de padecer, sino porque es la única manera de dejar de ser, y liberarnos de la angustia de forjar lo que se nos antoja falaz.