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Vinimos a la existencia por azar, ya que una cópula algo más tardía hubiera dado al traste con nuestra peculiaridad genética. Somos, en consecuencia,  contingentes, aunque lleguemos a convertirnos en seres necesarios para algún otro humano. Y esta naturaleza prescindible es aún más  ilustrativa ante el advenimiento de la muerte. Aquello que obtiene existencia por azar la pierde necesariamente por su naturaleza contingente. No cabe preguntarse qué hay más allá de la muerte para un ente que casi ni es. Tendría sentido respecto de seres necesarios. ¿Son los humanos como especies seres necesarios? Si atendemos al cicló de la naturaleza parecemos fruto de una mutación potente que nos dio la capacidad de sobrevivir e intervenir y transformar la naturaleza misma. Valorado desde la perspectiva actual y para el conjunto del mundo natural para peor. Si la referencia somos nosotros mismos, no poseemos argumento alguno que como especie nos haga seres necesarios ya que nuestro desconocimiento del Universo no nos permite visualizarnos más que como una pulga insignificante.

En síntesis parece que nuestra existencia no responde a exigencia alguna, sino al mero azar, incluso como especie, lo cual debería resituar nuestra arrogancia ontológica y ser absolutamente respetuosos entre nosotros y con el resto de la naturaleza, que no nos pertenece.