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Hicimos de la elasticidad del tiempo algo infinito, porque así se deslizaban los espacios que nos acogían. Supimos que enredados en el enigma espacio-tiempo éramos casi inmortales, aunque ese trazo que se nos negó para permanecer anudados por toda la eternidad, tuvo una fuerza y un poder imprevisibles, que dio con nuestros huesos, siempre en el lugar propio y apropiado. Regresando al mundo que nos correspondía.