Etiquetas

, ,

Descifrando desde la infancia el lenguaje por el que se accedía al mundo, y vosotros ajenos no me brindasteis palabra.

Azorada por gritos discutidos de los que permanecía el eco tras la batalla, y vosotros ajenos no percibisteis mis lágrimas.

Aterrorizada viendo la convicción con la que se apoyaba en la ventana, y tú, sin hacer nada, observando que corríamos tras ella, solo nos decías es “paja”.

Protegiéndonos unos a otros en un entorno desconcertante y agresivo y, solo nos repetíais la mala suerte que habitaba en “nuestras casas”

Hasta que algo más crecidos identificamos que la cruz de la casa erais vosotros y, no nos quedó nada.