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Sería deseable que cuando un criminal padezca una enfermedad mental, su derecho a la intimidad de su historial clínico sea respetado. Por él -es un derecho se lo merezca o no, a ese juego llevamos tiempo jugando- y por respeto a la dignidad de todas aquellas personas que con el mismo diagnóstico, ni son criminales ni lo serían, ni lo serán nunca.

Basta ya de estigmatizar a los que intentan vivir en paz.